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Entrevista a Adriana Abenia por Jorge San Martín

Entrevista a Adriana Abenia por Jorge San Martín
Se cumplen diez años desde que Adriana Abenia comenzó en televisión.

Tras su estreno en Aragón TV y saltar a la popularidad en el programa Sálvame (Tele 5), se convirtió en uno de los rostros más conocidos de los medios. Ha trabajado en espacios de La Sexta, Televisión Española, Antena 3 y, actualmente, en Cuatro.
Desde hace ocho meses, con el nacimiento de su hija Luna, todo es muy diferente. Ahora, afronta su vida personal y profesional desde otra perspectiva.

Adriana, tú siempre decías que no querías casarte ni tener hijos, ¡y mira ahora!

Toda la vida he dicho que no quería ser madre y ahora tengo una hija y me casé en Zaragoza, una ciudad que adoro, con Sergio, mi pareja desde los 15 años. Cuando te entregan a la criatura sin manual de instrucciones, da vértigo. Para mí, ha sido esencial la ayuda de mi madre porque, en cuanto pasa algo, le lloro un poquito y viene a echarme un cable. Es importante tener a los abuelos cerca cuando intentas conciliar trabajo y maternidad. Por ahora, lo solventamos bastante bien.

¡Todavía hay personas que se casan con su novio de los 15 años!

Y no solo eso, sino con el único con el que he estado, ¡que es más grave todavía! Precisamente, detrás de la Adriana que se ve en pantalla, la Adriana real necesita esa estabilidad. Llegar a casa, que no le hablen de tele y tratar temas más mundanos que me hacen feliz. Para mí, Sergio es muy importante. Yo soy más alocada, aunque medito todo mucho. Pero él es más serio y me ayuda ver las cosas en su medida y a equilibrar ciertas decisiones. Hacemos un buen tándem.

¿Cómo estás viviendo estos primeros meses como mamá?

El primer mes fue terrible. Yo lo equiparo a Guantánamo. Porque pone al límite el cuerpo de los padres. No duermes, malcomes…Es muy difícil y la pareja tiene que ser sólida. Lo que hacen algunos de decidir ser padres para arreglar una relación es lo peor que se puede hacer. Una vez solventas la primera etapa, que es jodida, es cuando empiezas a disfrutar de la maternidad. Estoy muy feliz con mi pequeña Luna. Me esfuerzo por ser la mejor madre del mundo para que ella siempre pueda decir que su madre estuvo cerca de ella, porque es lo único que me importa a día de hoy.

¿Es difícil encontrar trabajo en la televisión para una mujer embarazada?

Lo más duro que me pasó durante el embarazo fue con un proyecto confirmado con una televisión generalista. Cuando yo todavía no había hecho público que me había quedado embarazada, me tiraron después de revelar que lo estaba. Fue un golpe muy duro sobre todo porque, una cadena que potencia la imagen de la mujer y que sea, precisamente una mujer con un hijo la que te deje fuera de ese proyecto, para mí fue tremendo.

¿Por qué no dices dónde ocurrió?

Si te soy sincera, porque si te lo digo, a día de hoy tengo más de perder que de ganar. No he llegado a decirlo porque se armaría muy gorda. Una mujer que está embarazada no está enferma. Llevé el embarazo muy bien hasta el último momento y podía haber desempeñado ese trabajo. En este tiempo, me he dado cuenta de muchas cosas. Pienso que se debería equiparar todo lo que afecta al hombre y a la mujer a nivel laboral, en cuanto a bajas posteriores para que estas cosas no sucedan. Diría tantas cosas que, a veces, prefiero no hacerlo en caliente. Queda mucho por hacer. ¿Por qué no voy a poder sentirme realizada laboralmente por ser madre? No tiene ningún sentido. La sociedad tendría que facilitar las cosas para que las madres no vayamos con el agua al cuello, pero sin hacer malabarismos ni ser “supermadres”.

¿Cómo se puede conciliar trabajando en la tele?

Es difícil pero no imposible, siempre que intentes, dentro del caos de horarios que supone la tele, ponerte una rutina y saber dejar un tiempo para cada parcela de tu vida. Para el trabajo, para tus hijos y también para tu pareja, porque es muy sano desconectar mentalmente, de vez en cuando, y en la medida de tus posibilidades. Trabajar te hace evadirte y seguir creciendo como persona. Para mí es primordial aunque, por supuesto, mi prioridad es Luna.

Hace diez años que debutaste en la tele pero, antes de eso, empezaste como modelo. ¡Y muy pronto!

Antes de estudiar la carrera hice trabajos de modelo, pero la verdad es que aborrezco la moda, no me gusta nada. Empecé de modelo por sacarme una pasta, viajar y vivir en el extranjero, porque quería independizarme. Incluso con 15 años me fui a vivir a Milán y estuve en un colegio de monjas. Así me movía a Japón, Nueva York, Alemania. Y todo sola. Ahora pienso que a mi hija no le dejaría hacerlo. Una vez estudié la carrera, surgió la posibilidad, por casualidad, de acudir al programa «Sin ir Más Lejos», de Aragón TV. Jorge Gallardo me propuso llevar una sección de moda y dije: “por qué no, vamos a probar”. Y a partir de allí, la inercia de las cosas me ha llevado a estar en la tele muchos años y no he podido prescindir de ella porque me entusiasma.

Si lo piensas, es coherente porque estudiaste Turismo y dijiste: “voy a hacer turismo”.

La verdad es que fue muy loco porque empecé Derecho y me di cuenta de que no podría defender causas en las que no creía. Acabé estudiando Turismo porque me gustaban los idiomas, pero no sabía en qué me apetecía trabajar en ese momento. Todo desembocó en la tele y allí sigo.

Tardaste muy poco en dar el salto a la tele nacional.

¡Solo dos meses! Fue una locura. Risto Mejide me hizo un casting para la productora La Fábrica de la Tele y, desde entonces, somos grandes amigos. Me cogieron y, en ese momento, ni siquiera sabía si eso me gustaba o no, porque no me había dado tiempo a saborearlo. Yo, que soy muy atrevida e inconsciente, dije: “vámonos a Barcelona”.

Pero cuando realmente saltas es a la fama es en Sálvame.

Buscaban a alguien que oxigenera la intensidad del plató. Yo hacía temas de política y Casa Real, ni siquiera controlaba la información del corazón. Me lo llevé a mi terreno, conocí a mucha gente y la verdad es que después de un año y unos meses, ya estaba agotada de tanto viajar. Yo moldeaba mi personaje preparaba las entrevistas… Al final, mi madre me dijo que lo primero era mi salud. Estaba agotada. En ese momento decidí parar un par de meses para decidir si eso era lo que me gustaba. Luego, surgieron nuevos proyectos a los que no pude decir que no y acabé enganchando uno con otro.

A veces, uno ve Sálvame y se pregunta si esas personas son de verdad…

Las energías que se viven en ese plató son tremendas. Yo entiendo Sálvame como un programa que te acompaña. Si tú haces un zapping con el mando, hay muchos programas que no te suscitan nada. Te informan o te pueden divertir. Pero con Sálvame te sientes acompañado porque te has identificado con esos personajes, aunque te pueden gustar más o menos. Yo no veo Sálvame, pero reconozco que ha sido un programa pionero que ha apostado por la naturalidad. Lo han sabido hacer muy bien. Lo que pasa es que yo no soy mucho de discutir, soy una tía más liviana y los programas a los que pertenezco ahora son más light.

¿Qué relación tienes con tus excompañeros del programa?

Me llevo fenomenal con ellos. Me los encuentro casi todos los días en maquillaje. Precisamente, ayer hablaba con Belén Esteban de cómo estaba Luna y me daba consejos para conseguir que durmiera, quitarle el chupete… Son personas que se han portado muy bien conmigo y yo no tengo ninguna rencilla con ellas. Yo iba a pasármelo bien y a aprender mucho, pero sí que es verdad que, por mi forma de ser, no podría convivir con esas discusiones a diario. Yo soy una persona que debate, razonable y con la mente muy abierta.

Están siendo unos momentos complicados para Jorge Javier Vázquez por sus problemas de salud. ¿Has hablado con él?

Es estupendo. Le he mandado un WhatsApp diciéndole que él ya lo había ganado todo y que hay que ordenar prioridades. Tenemos que cuidar la salud. Él tiene su trabajo en la tele, donde hace muchas cosas, y por otro tiene el teatro, que le chifla. Pero el cuerpo llega hasta donde llega, y avisa. En este caso, le ha dado un toque de atención y hay que frenar. Por suerte, ya le han dado el alta, porque un aneurisma no es ninguna tontería.

En aquella época, empezaste a aparecer en las listas de mujeres más sexys. Allí entras en otro mundo completamente diferente. ¿Cómo te sentías?

Cualquier mujer debe sentirse sexy porque todas somos especiales de alguna manera. Esa parte de mi persona no deseo esconderla. Al contrario. Creo que hay que sacarla, y más ahora, que el 8 de marzo sacamos tantas pancartas, y hay que llevarlo a efecto. Pero es cierto que en ese momento lo pasé muy mal porque, entonces, Sergio, no vivía conmigo en Madrid. Me seguía gente por la calle. Recuerdo que un día me persiguieron por todo el Corte Inglés de Serrano. Le llamé llorando cuando llegué a casa, muy asustada, y luego supe que era un paparazzi. No entendía que un fotógrafo me siguiera a mí. ¿Por qué?

El precio de la fama, dicen…

La fama viene muy bien para no hacer cola en los restaurantes o no pagar los viajes. Pero también tiene su parte agria que yo viví en mis comienzos. En ese momento era una niña y no supe gestionar bien esa parte, me vino grande.

¿Qué aportan a tu imagen las redes sociales?

En las Redes Sociales puedo darme a conocer mejor, y no a través de un personaje que hayas podido hacer para la tele. Me ha facilitado mucho las cosas tener perfiles en redes sociales, sobre todo Instagram. Es una herramienta que nos hace más accesibles. Hay menos presión. Tú generas las noticias que quieres dar. Somos más dueños de nosotros mismos.

En tu caso, mojándote con muchas cosas y compartiendo aspectos de tu intimidad, como el embarazo o fotos de tu hija.

Creo que está muy mitificado todo lo que es el embarazo y la maternidad. La gente no tiene ganas de ver vidas irreales, sino de identificarse contigo. Siempre hay debates de por qué haces las cosas. El mío fue un embarazo de riesgo y tenía que cuidarme especialmente. Hacer ejercicio, pincharme heparina… Y no quise ocultarlo porque no tenía nada de malo. A muchas personas les sucede lo mismo y no sabes la de gente que me agradeció que yo fuera dando pautas de lo que iba sucediendo en mi vida. Esa misma gente hacía que yo me sintiera acompañada y me daba consejos. Los que me critican son muy pocos pero gritan mucho y se escudan en el anonimato para incendiar las redes. Son amargados.

 

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