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Cinque Terre, explosión de color en la costa italiana

Cinque Terre, al sur de Génova, representa, con sus 10 km de costa, una de las más intactas y amplias áreas naturales de Liguria.

Texto y fotos: Félix Lorenzo

Gracias a su historia y morfología geográficas se ha evitado la edificación masiva así como la construcción de más carreteras.

Parapetados por vertiginosos acantilados se encuentran los cinco pueblos que forman el Parque Nacional de Cinque Terre: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore.

Proponemos un recorrido por estos pueblos que componen el parque nacional italiano, el más pequeño del país, que nos permitirá descubrir impresionantes acantilados, espacios para senderismo y miradores desde los que tomar todas esas fotografías que ya forman parte del imaginario colectivo.

Eugenio Montale, el poeta premio Nobel de Literatura de 1975, fue uno de los que más y mejor cantó las delicias de Monterosso, el pueblo más al norte de Cinque Terre.

En sus poemas hablaba de “pueblo rocoso y austero, asilo de pescadores”.

Todavía hoy, esos pescadores se mezclan entre turistas por el laberinto de callejuelas empedradas, arcadas y pequeñas terrazas de las que asoman las buganvillas.

Monterosso es el más grande y el más visitado, principalmente porque cuenta con la playa más grande, la de Fegina.

De arena, grava y rocas está considerada como una de las playas más fascinantes del mundo.

Aquí son muy famosas las anchoas. De los cinco pueblos, Monterosso es el que mayor oferta hotelera ofrece, pero, a su vez, sigue conservando aún esa magia de lugar encantador.

La parte vieja de la ciudad, separada de la zona moderna por la torre Aurora, cuenta con los restos de un castillo medieval y la iglesia de San Francesco.

Si la vista desde el camino a Monterosso es hermosa, no lo es menos la que se tiene camino a Corniglia, el único de los cinco pueblos que no desciende directamente hasta el mar.

Corniglia es una especie de balcón con el mar un centenar de metros más abajo.

Si se llega al pueblo en tren -una de las mejores formas de desplazarse por la zona hay que ascender por las empinadas rampas de la Larderina, una escalinata de 33 rampas y casi 400 escalones que llega hasta el centro de Corniglia.

La iglesia de San Pedro es la más bella de las de Cinque Terre. Tras cruzar un olivar aparece un sendero que lleva a la colina de las Tres Cruces, desde donde se tiene una de las mejores vistas.

Vernazza es sin duda el pueblo más pintoresco y el que mejor ha conservado el aspecto de ciudadela marinera.

La estampa que se tiene desde el camino que llega de Monterosso se encuentra entre las más bellas del Mediterráneo.

La que fue Vulnetia o Castro Vernatio (Castillo Fortificado) es ahora un conjunto de viviendas con las fachadas pintadas en variados tonos pastel.

El ambiente de sus calles recuerda una película italiana de la década de los setenta.

En la piazza Matteoti es posible disfrutar de Vernazza en todo su esplendor con la iglesia de Santa Margarita de Antioquía y su campanario octogonal de 40 metros de altura.

Desde Cabo Montenero se tiene la extraordinaria vista de los cinco pueblos alineados frente al mar.

 

Manarola reafirma la belleza de las Cinque Terre siguiendo el mismo patrón de explosión de color y alegría.

En todos estos pueblos las puestas de sol son espectaculares, pero como la de Manarola, ninguna.

Por algo esta localidad es la más fotografiada de las cinco.

Se encuentra enclavada en una roca a más de 20 metros sobre el nivel del mar, con sugerentes paisajes y un puerto encerrado entre dos espolones rocosos.

Lo que caracteriza Manarola es su vivacidad, sus fantásticos restaurantes y su belleza arquitectónica con sus coloridas casas brotando en la roca.

Una postal que podemos contemplar disfrutando de una típica “focaccia” ligure.

Desde Manarola parte el sendero más famoso de Cinque Terre, La Via dell ́Amore, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, que después de 12 años de restauración vuelve a abrir al público en julio de este año, aunque solo se podrá acceder previa reserva online.

Este camino asfaltado con vistas al mar que une Manarola con Riomaggiore en poco más de un kilómetro está considerada la atracción más importante de Cinque Terre.

Forma parte del Camino verde azul (VA2, 592-1) que une los cinco pueblos a lo largo de la costa.

Tras el romántico kilómetro se llega a Riomaggiore un pueblo que parece surgido de la imaginación de un niño con un juego de construcción con piezas de colores entre las manos.

Casas apiladas, cálidos colores, miles de ventanas y cuestas infinitas forman un batiburrillo arquitectónico que parece sostenerse de milagro y que se extienden desde lo alto hasta la orilla del mar donde se encuentra su pequeño pero encantador embarcadero con un malecón desde el cual se observa todo el pueblo con una imagen muy vista en Instagram.

Algunas de las fachadas del pueblo han sido utilizadas como lienzo por el pintor argentino Silvio Benedetto, que ha recreado escenas clásicas de la vida en Cinque Terre.

Esta es la localidad más poblada de toda la región, por lo que está considerada como su capital.

A pesar de esto, es uno de los pueblos más tranquilos de la zona.

Desde Cabo Montenero se tiene la extraordinaria vista de los cinco pueblos alineados frente al mar.

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