Cuatro escapadas para alargar el verano y viajar a otro ritmo

Del Mediterráneo al Atlántico, de una finca histórica en Mallorca a una playa griega.
Mujer sentada al borde de la piscina para adultos de Domes of Corfu, con vistas al mar.

Hay un momento del año en el que viajar adquiere otro significado. Septiembre llega con la promesa de volver a la rutina, pero también con la posibilidad de mirar el calendario de otra manera. Las playas se vacían, las temperaturas se vuelven más amables y los destinos que durante el verano parecen inalcanzables recuperan una cierta calma. Es entonces cuando una escapada puede convertirse en algo más que unos días fuera: en la oportunidad de volver a disfrutar del tiempo.

Del mar Jónico a las aguas del Atlántico, pasando por la Mallorca más serena y una Tenerife volcánica que disfruta de un verano prácticamente permanente, cuatro hoteles proponen prolongar la sensación de vacaciones a través de experiencias en las que el paisaje, la gastronomía y el descanso ocupan el centro de la escena. Cuatro maneras diferentes de entender una escapada, unidas por una misma filosofía: viajar sin mirar demasiado el reloj.

El Mediterráneo griego como refugio

Hay lugares donde el verano parece resistirse a terminar. En la costa occidental de Corfú, las colinas cubiertas de pinos y cipreses descienden hacia el azul del mar Jónico y la playa de Glyfada se convierte en el escenario perfecto para olvidarse durante unos días de calendarios y horarios.

Sobre la propia playa se encuentra Domes of Corfu, un resort en el que la arquitectura contemporánea se integra en el paisaje a través de materiales cálidos, piedra, madera y tonalidades terracota. La sensación es la de estar en una isla que invita a quedarse un poco más.

Fachada de Domes of Corfu con balcones y arcos, junto a la piscina rodeada de tumbonas y palmeras.

Aquí los días comienzan junto al mar y continúan entre piscinas, terrazas y el beach club. Las habitaciones y suites, con vistas al océano, las montañas o los jardines, están pensadas tanto para parejas como para familias, con algunas opciones que incorporan piscina privada. Para quienes buscan una experiencia especialmente cuidada, Haute Living Selection añade un servicio más personalizado.

Y después está la mesa. Porque en Grecia comer también forma parte de la manera de viajar. Meze recupera el espíritu de las tabernas griegas con pescado fresco, carnes a la parrilla y platos concebidos para compartir; Agora lleva la esencia mediterránea a una propuesta contemporánea y Yaosai explora los sabores de Asia. Al final del día, los cócteles frente al mar y la música del beach club acompañan la puesta de sol.

Fuera del resort, Corfú ofrece otra forma de descubrir Grecia: perderse por el casco antiguo, atravesar pueblos y olivares, navegar por la costa o adentrarse en las rutas que conducen hacia el monte Pantokrator. La mejor agenda puede ser, precisamente, no tener ninguna: un día de playa, otro de exploración y otro simplemente para dejarse llevar.

Vivir el Atlántico a tu propio ritmo

Hay viajes en los que el verdadero lujo es tener espacio. Espacio para desayunar sin prisa, para leer en una terraza privada, para bañarse cuando apetece o para decidir a última hora si el día pide playa, gastronomía o simplemente nada.

En Costa Adeje, al sur de Tenerife, Domes Baobab Suites propone precisamente esa idea. Integrado en Domes Resorts, el establecimiento combina la independencia de una residencia contemporánea con los servicios de un hotel y lo hace en un entorno marcado por las terrazas escalonadas, los grandes ventanales y las vistas al Atlántico y al paisaje volcánico.

Terraza de la suite Infinity Harmony con jacuzzi, piscina privada, sofás y tumbonas frente a las montañas.

Sus 125 suites, desde estudios de 46 m² hasta residencias de 177 m², permiten plantear la estancia de una manera más flexible. Cocinas equipadas, zonas de estar, terrazas, jacuzzis y piscinas privadas convierten algunas de ellas en auténticos espacios para quedarse. Una fórmula especialmente atractiva para parejas y familias, pero también para quienes han descubierto que viajar bien significa sentirse, durante unos días, como en casa.

El desayuno puede prolongarse junto a la piscina y las tardes pueden alternar entre la terraza privada y las playas de Costa Adeje, a las que el hotel facilita un servicio diario de traslado gratuito. También hay motivos para quedarse a comer: BB Lounge Club propone una cocina más ligera con vistas panorámicas; Kar Bon recupera el carácter de las brasas canarias y Char, dirigido por el chef Babacar, apuesta por la cocina al fuego. Incluso es posible trasladar la experiencia gastronómica a la intimidad de la propia suite.

Tenerife, además, juega con ventaja cuando el verano comienza a despedirse en otros destinos. Su clima permite seguir viviendo al aire libre y combinar descanso, gastronomía y excursiones por el sur de la isla. O, sencillamente, no hacer nada. Que también es una forma de viajar.

El arte de perder la noción del tiempo

En el sur de Gran Canaria, la playa del Cura aparece protegida por una bahía donde el Atlántico parece adoptar un ritmo más pausado. Allí, en primera línea de mar, H10 Costa Mogán plantea una escapada concebida para adultos en la que el paisaje se convierte en parte esencial de la experiencia.

Fachada blanca del hotel H10 Costa Mogán, con terrazas escalonadas y jardines de palmeras y cactus.

El hotel, renovado tras su incorporación a H10 Hotels, apuesta por una estética inspirada en la propia isla: madera, tonos neutros, detalles marinos y vegetación local. Las habitaciones y suites, muchas de ellas orientadas hacia el océano, junto a la piscina y las terrazas exteriores, invitan a una rutina sencilla de baños, lectura y largas sobremesas.

Uno de esos lugares que parecen diseñados para no tener que salir es La Riviera Beach Club. Camas balinesas, música, cócteles y una pequeña piscina frente al mar convierten este espacio, disponible con reserva previa, en una especie de paréntesis dentro del propio viaje. Y cuando cae la tarde, el paisaje cambia de escenario. El Rooftop Sky Bar mira hacia el océano y las montañas, mientras Mogán Lounge prolonga la noche entre cócteles y música en directo.

También aquí la gastronomía forma parte del viaje. Costa Atlántica apuesta por la cocina en vivo y Costa Fusión incorpora sabores de inspiración canaria. Y para quienes quieran explorar más allá del hotel, las playas de Amadores y Puerto Rico, así como Puerto de Mogán —con sus canales, su puerto y sus terrazas junto al agua—, ofrecen el contrapunto perfecto a los días de descanso.

Porque hay destinos que se conocen haciendo kilómetros y otros que se descubren aprendiendo a quedarse quieto. Gran Canaria permite ambas cosas.

Collage de un hotel entre pinos con terrazas, dormitorio, piscinas exterior e interior y campo de golf junto a la costa.

La Mallorca que se descubre despacio

Existe otra Mallorca más allá de sus playas más conocidas. Una Mallorca de montañas, jardines, pueblos pequeños, caminos entre árboles y largas comidas al aire libre. En el interior de la isla, a las afueras de Es Capdellà, Castell Son Claret ocupa una finca privada de 132 hectáreas en plena Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El hotel ocupa un castillo histórico restaurado con una mirada contemporánea, conservando el carácter de una gran residencia mallorquina. Miembro de The Leading Hotels of the World, cuenta con 43 habitaciones y suites de diseño individual, 30 de ellas renovadas para esta temporada. Pero quizá su mayor lujo esté fuera de ellas: en los jardines, los senderos y la posibilidad de disponer de tiempo.

La relación con el paisaje forma parte de la identidad de la finca. Se han recuperado 400 almendros históricos y cuenta con huerto y producción propia de aceite de oliva. Una conexión con la tradición agrícola mallorquina que también llega a la mesa.

En Olivera, la cocina mediterránea se disfruta rodeada de naturaleza, con productos frescos, pan recién horneado y aceite elaborado en la propia finca. Para una experiencia gastronómica de mayor altura, Sa Clastra, distinguido con una estrella Michelin, propone bajo la dirección del chef Jordi Cantó una cocina profundamente vinculada al territorio. Su menú Viento y Memoria encuentra inspiración en los nueve vientos de Mallorca, incluidos los ocho tradicionales y el Embat, la brisa marina.

La estancia puede continuar con una cata de vinos mallorquines, un paseo por la finca, una ruta guiada por la Tramuntana o un tratamiento en el spa Bellesa de Claret. Todo sucede a un ritmo diferente. A solo 25 minutos de Palma, Castell Son Claret propone descubrir esa Mallorca que no necesita demasiadas palabras: la de una comida que se alarga, un paisaje que invita a detenerse y la sensación de que todavía quedan días de vacaciones por delante.

Cuatro destinos, una misma manera de viajar

Quizá prolongar el verano no consista tanto en perseguir el calor como en recuperar aquello que las vacaciones nos prometen cada año y que, con demasiada frecuencia, dejamos atrás al volver a casa: tiempo. Tiempo para comer despacio, para mirar un paisaje, para descubrir un lugar nuevo o para no hacer absolutamente nada.

Corfú, Tenerife, Gran Canaria y Mallorca ofrecen cuatro escenarios diferentes para hacerlo. Cuatro escapadas en las que el lujo se encuentra menos en acumular experiencias que en elegirlas bien. Y en septiembre, cuando el mundo empieza a recuperar su ritmo habitual, quizá el mejor viaje sea precisamente aquel que nos permite seguir viviendo un poco más despacio.