Felipe Sánchez Romera, CEO de DAXIA
La privacidad nunca ha sido un concepto estático. Evoluciona con nosotros, se adapta a nuestros hábitos y hoy, más que nunca, se ve directamente impactada por el uso generalizado de la Inteligencia Artificial generativa.
Basta con pensar en lo sencillo que resulta introducir datos personales —propios o de terceros— en un prompt, muchas veces sin ser plenamente conscientes de las implicaciones que ello conlleva. En DAXIA lo vemos a diario: la IA se ha integrado en la operativa de empresas y organizaciones a una velocidad muy superior a la capacidad de muchas de ellas para identificar y gestionar los riesgos asociados a la privacidad.
Esta realidad no se limita al ámbito personal. En empresas, organismos públicos y sectores altamente regulados, la IA ya forma parte del día a día y plantea retos que no pueden abordarse de forma superficial. El ámbito sanitario y el jurídico son un claro ejemplo. En el primero, el uso de herramientas de IA para el tratamiento de historias clínicas es cada vez más habitual. En el segundo, ya hemos sido testigos de situaciones tan llamativas como la utilización de jurisprudencia inexistente generada por IA, que incluso ha llegado a plasmarse en resoluciones judiciales. Casos que evidencian la necesidad de contar con criterios claros, control y asesoramiento especializado.
¿Cuáles son los límites de la base legitimadora del tratamiento de datos personales basado en el ejercicio de potestades públicas cuando un juez vuelca datos penales en un prompt?
El Reglamento General de Protección de Datos establece que los tratamientos realizados por los tribunales en el ejercicio de su función judicial quedan fuera de su ámbito de aplicación. Sin embargo, esto no equivale a ausencia de garantías. Muy al contrario, cualquier tratamiento de datos debe respetar principios esenciales como la licitud, la proporcionalidad, la seguridad o la transparencia. Además, cuando se invoca el ejercicio de potestades públicas como base legitimadora, esta debe ser clara, precisa y previsible, y contar con una base jurídica sólida en el Derecho de la Unión o de los Estados miembros. En la práctica, este equilibrio no siempre es sencillo de alcanzar sin un enfoque preventivo y experto.
En este contexto adquiere especial relevancia el nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (Reglamento UE 2024/1689), que nace con el objetivo de armonizar el uso de la IA en Europa y proteger los derechos fundamentales. No es casualidad que clasifique como sistemas de alto riesgo aquellos destinados a ser utilizados por autoridades judiciales en la investigación e interpretación de hechos y del Derecho, ni que refuerce la necesidad de transparencia y control. Desde una perspectiva práctica, este Reglamento marca un antes y un después para las organizaciones que ya están utilizando IA o planean hacerlo, y exige un cambio de mentalidad: pasar de reaccionar a los problemas a anticiparse a ellos, algo en lo que el acompañamiento especializado resulta clave.
¿Y el del profesional sanitario que protege los intereses vitales de sus pacientes?
Si trasladamos esta reflexión al ámbito sanitario, el debate se intensifica. Los datos de salud forman parte de las categorías especiales de datos y su tratamiento está, con carácter general, prohibido, salvo excepciones muy concretas, como la protección de intereses vitales cuando el paciente no puede prestar su consentimiento. Sin embargo, en la práctica, se están utilizando sistemas de IA con datos de salud sin la suficiente transparencia, sin un control claro y, en muchos casos, sin el conocimiento expreso de los pacientes. El propio Reglamento de IA advierte de que estos sistemas pueden tener efectos adversos para la salud y la seguridad de las personas y los clasifica como de alto riesgo, imponiendo requisitos específicos que hoy siguen sin aplicarse de forma efectiva en muchos entornos.

¿Se está alineando el uso de la IA con los posibles riesgos de privacidad presentes en este tipo de herramientas?
Por el momento, queda mucho trabajo por hacer, tanto a nivel legislativo como en su aplicación real. Los riesgos de privacidad asociados a la IA generativa son tan amplios como los contextos en los que se utiliza. Y aunque existan supuestos en los que el RGPD no resulte directamente aplicable, el tratamiento de datos personales mediante sistemas de IA sí lo está, tal y como ha señalado la propia Agencia Española de Protección de Datos. Por eso, cada vez más organizaciones entienden que no basta con cumplir la norma, sino que es necesario comprenderla y aplicarla con visión de futuro.
Aquí es donde las empresas se convierten en el verdadero motor del cambio. No solo porque son el pilar de nuestra economía, sino porque su forma de actuar influye de manera decisiva en la sociedad. La manera en que una organización trata los datos personales, protege su información confidencial o integra la IA en sus procesos refleja sus valores y su proyección futura. En DAXIA trabajamos precisamente en ese punto de encuentro entre innovación y responsabilidad, ayudando a las empresas a proteger sus activos intangibles —su conocimiento, su identidad corporativa y su ventaja competitiva— en un entorno cada vez más digitalizado.

Por todo ello, la privacidad debe abordarse hoy desde un enfoque integral, en el que convivan protección de datos, ciberseguridad, compliance y ética empresarial. Ha dejado de ser una cuestión meramente burocrática para convertirse en una auténtica palanca estratégica. En DAXIA llevamos más de dos décadas acompañando a empresas de todos los tamaños en este camino, ofreciendo un asesoramiento global y preventivo que permite avanzar con seguridad en contextos tan complejos como el de la Inteligencia Artificial.
Además, hemos reforzado nuestra propuesta de valor uniéndonos a Élite Multigestión y TYR Abogados para crear DAXIA Legal, con el objetivo de acompañar a las organizaciones de principio a fin: desde la prevención y el diseño de estrategias de cumplimiento, hasta la defensa jurídica cuando la situación lo exige. A ello se suma nuestra apuesta por la formación, ayudando a equipos directivos y profesionales a comprender y aplicar de forma responsable la ciberseguridad y el uso de la Inteligencia Artificial.
Porque la privacidad no es una moda ni un freno a la innovación. Es una decisión estratégica, una señal de madurez empresarial y una inversión en confianza. Y en un momento en el que la IA ya es presente, contar con un partner experto marca la diferencia.








