Lucia Yturriga, fundadora de Womanhood.
Durante años, el mensaje fue claro, y agotador: envejecer era algo que había que disimular. Arrugas, canas, cambios corporales… todo debía corregirse, ocultarse o, directamente, combatirse. Pero algo está cambiando. En 2026, cada vez más mujeres cuestionan esa narrativa y apuestan por una nueva forma de vivir el paso del tiempo: el well-aging, un enfoque que no va de parecer joven, sino de vivir mejor.
Para entender este cambio cultural, y por qué la menopausia se ha convertido en una pieza clave de esta conversación, hablamos con Lucía Yturriaga, fundadora de Womanhood y considerada la primera Menopause Wellness Pioneer en España.

Cuando el cuerpo deja de ser reconocible
El origen de Womanhood nace de una experiencia profundamente personal. Durante la pandemia, Lucía vivió una menopausia brusca que la descolocó por completo. “Pasé de sentirme fuerte, activa y con mi vida bastante en orden a no reconocerme”, explica. Sofocos intensos, noches sin dormir, ansiedad y una montaña rusa emocional que, al principio, ni siquiera supo relacionar con la menopausia.
Lo más duro, recuerda, no fueron solo los síntomas, sino la soledad. “Busqué ayuda y me encontré con dos respuestas: el ‘es normal, aguántate’ o información técnica, fría y desalentadora”. En ningún sitio encontraba un relato que conectara con lo que realmente estaba viviendo.
Ahí surgió la pregunta que lo cambió todo: si yo, con recursos, información y acceso a especialistas, me sentía así de perdida… ¿cómo lo estará viviendo una mujer que no los tiene? De esa rabia, una “rabia útil”, como ella la llama, nació Womanhood: primero como una conversación necesaria y, después, como una plataforma con contenido riguroso, comunidad, encuentros y un objetivo claro: sacar la menopausia del silencio y del blanco y negro.
Del anti-aging a dejar de pelearse con el tiempo
Para Lucía, la diferencia entre anti-aging y well-aging no es solo semántica: es existencial. “El anti-aging es vivir en guerra con el tiempo”, afirma. Es el mensaje constante de no se te note, no cambies, mantente como antes. Una batalla imposible que genera frustración y cansancio. El well-aging, en cambio, propone otro enfoque: no frenar la vida, sino vivirla con más recursos.
Hablar de well-aging implica poner el foco en la salud hormonal, el músculo, el sueño, el cerebro, la piel, la energía o el deseo. Es un plan de calidad de vida, no una promesa estética. “No quiero parecer de 35”, dice Lucía sin rodeos. “Quiero llegar a mayor con fuerza, autonomía, cabeza despierta… y bastante carácter para que nadie me diga lo que ‘toca’ a mi edad”.
Belleza madura: del cuerpo decorativo al cuerpo funcional
En los últimos años, la narrativa sobre la belleza madura ha empezado a cambiar, aunque no sin contradicciones. Lucía identifica varios giros culturales claros. Por un lado, más visibilidad real: mujeres de más de 40 que lideran, trabajan, ligan, cambian de vida y son protagonistas de su propia historia. Por otro, un cambio profundo en la mirada sobre el cuerpo: menos obsesión con cómo se ve y más interés en qué puede hacer. Fuerza, músculo, postura, energía, descanso y salud ósea entran en la conversación.
También se habla más, y mejor, de hormonas, perimenopausia, deseo, niebla mental o sequedad. Ya no es solo un susurro. Y aunque la naturalidad convive todavía con filtros, retoques y el famoso “no pareces tu edad”, el tono empieza a cambiar. “Antes era ‘qué bien estás para tu edad’. Ahora empieza a ser ‘estás increíble, punto’. Y lo mejor es que nos lo creemos”.
Menopausia: desmontando mitos que quitan opciones
A pesar de los avances, en 2026 siguen pesando muchos estigmas sobre la menopausia. Desde reducirla a simples sofocos hasta vivirla como “el principio del fin”. También persisten ideas como que hay que resignarse, que el deseo desaparece o que engordar es inevitable.
“El problema de casi todos estos mitos es que te quitan opciones”, explica Lucía. Y ahí está, para ella, el verdadero cambio cultural: pasar del ‘te toca’ al ‘tienes alternativas’. Informarse, entender el propio cuerpo y saber que existen caminos distintos marca una diferencia enorme en cómo se vive esta etapa.
La belleza como consecuencia del bienestar
En la menopausia, todo está conectado. Hormonas, sueño, estado de ánimo, energía, piel y deseo forman un puzzle en el que mover una pieza afecta a todas las demás. Por eso, para Lucía, la belleza madura no es el punto de partida, sino el resultado.
“Si duermes mejor, tu cara cambia. Si entrenas fuerza, tu postura y tu forma de moverte son distintas. Si entiendes lo que te pasa y dejas de culpabilizarte, tu mirada se relaja”. La belleza, en esta etapa, es el reflejo visible de un trabajo invisible que incluye salud física, mental, relaciones que suman y una narrativa interna más amable.








