De los fogones de elBulli a proyectos personales que han consolidado su voz propia como Ático, Wilmot o Lombo, Eugeni de Diego ha construido una trayectoria donde la técnica convive con la memoria y la creatividad con la honestidad. Ahora abre un nuevo capítulo con Cervecería 640 en Barcelona, un espacio que refleja su momento vital y profesional.
Conversamos con él sobre vocación, raíces, aprendizajes y sueños pendientes.

¿Recuerdas el momento exacto en que supiste que la cocina sería tu camino?
Empecé casi por casualidad, como fregaplatos un verano en la Costa Brava por recomendación de un amigo. Allí descubrí que el ritmo y la energía de la cocina me atrapaban. Cuando volví a Barcelona me apunté a la Escuela Muntaner (ESHOB) y mis primeras prácticas las hice en Ca l’Isidre, donde terminé de enamorarme por completo de este oficio. Después de esa etapa me fui a Francia a trabajar en un restaurante con dos estrellas Michelin. Fue una de las experiencias más duras de mi carrera: era un simple commis y el nivel de exigencia era extremo, con momentos difíciles a nivel personal.
Aun así, me gustaba tanto la cocina que decidí mantenerme firme y seguir adelante. Más tarde trabajé en un barco privado, una etapa que me permitió viajar y abrir la mirada, y finalmente llegué a elBulli, donde terminé de entender la dimensión creativa y profesional que podía alcanzar este oficio.
Tras tu paso por elBulli y otros proyectos de alta gastronomía, ¿qué filosofía o disciplina sigue marcando tu cocina hoy?
La exigencia, la curiosidad constante y el respeto por el producto. Aprendí que la técnica solo tiene sentido cuando está al servicio de la emoción y de la experiencia del cliente. Hoy busco una cocina más cercana, pero con la misma precisión y coherencia.
Si tu cocina tuviera un alma, ¿cómo sería y qué valores la definen?
Sería honesta, mediterránea y hospitalaria. Me interesa una cocina que no intimide, que invite a compartir y que tenga memoria, pero también mirada contemporánea.

Interior de Seis Cuarenta
De proyectos como Ático, Wilmot o Lombo, ¿en cuál sientes que te has mostrado más auténtico y por qué?
Ático es nuestra consultoría creativa y el lugar desde donde gestionamos los proyectos; en cierta manera es donde nace todo y donde se construye la visión global. Wilmot es un proyecto muy particular, un espacio que me encanta porque siempre te hace sentir como en casa: refleja esos valores que más me gustan de la gastronomía, el sitio de siempre al que vuelves, donde el camarero te reconoce y la comida te reconforta. Lombo es una expresión más creativa del Mediterráneo, con una mirada hacia Italia; un lugar al que vas a celebrar y disfrutar, donde el ambiente y las piezas artísticas te envuelven.
Y Seis Cuarenta, nuestro nuevo restaurante, representa una etapa más madura: un proyecto pensado al detalle sin perder la idea de sentirte a gusto, en un espacio cotidiano donde reunirte cualquier día y a cualquier hora.
¿Hay un plato que represente tu esencia como chef o que te conecte especialmente con tus raíces?
Los platos sencillos, bien ejecutados, son los que más me representan porque hablan de memoria y de técnica sin artificios. Quizás uno de los más representativos en mi caso es el cap i pota: más allá de que me encanta por su textura y su sabor, es un plato que me conecta dir
¿Cuál ha sido el reto más difícil de tu trayectoria y qué aprendiste de él, tanto profesional como personalmente?
Creo que uno de los mayores retos ha sido entender que, como cocinero, no siempre lo que te gusta a ti es lo que conecta con el comensal. Aprender a adaptarte, a leer cada situación y a convertirte casi en alguien camaleónico es probablemente la parte más difícil del oficio. Y a nivel empresarial, el reto ha sido aprender a gestionar no solo números, sino personas. Al final un restaurante somos personas que servimos a personas, y liderar equipos implica convivir con egos, emociones y días buenos y malos. Entender eso, escuchar y saber acompañar al equipo ha sido uno de los aprendizajes más importantes del camino.

¿Qué representa Cervecería 640 en este momento de tu vida y qué historia quieres contar a través de ella?
Seis Cuarenta nace como una mirada madura hacia la idea de la cervecería clásica, entendida no desde la nostalgia sino desde la vigencia. Es un proyecto donde recuperamos el valor de la tapa reconocible, del gesto cotidiano y del ritual de barra que forma parte de nuestra cultura gastronómica. Más que reinterpretar desde la técnica, la intención ha sido depurar y poner en valor platos que pertenecen a la memoria colectiva, devolviéndoles su espacio con una mirada actual y honesta. El proyecto habla también de ritmo y de ciudad: un lugar abierto a cualquier hora, donde conviven el desayuno, el bocadillo rápido o la sobremesa larga, y donde el lujo se encuentra en sentirse cómodo. Representa una etapa más consciente, donde la experiencia acumulada se traduce en simplicidad bien pensada y en una forma de hospitalidad que busca perdurar en el tiempo.
¿Sientes que esta apertura marca un nuevo ciclo en tu carrera?
Sí, porque representa una etapa más consciente. Hoy priorizo proyectos con identidad clara, sostenibles y conectados con la realidad del cliente.
¿Qué te gustaría que sintiera alguien al cruzar la puerta por primera vez?
Calidez, cercanía y curiosidad. Que perciba que hay intención en cada detalle, pero sin perder la naturalidad.
Si tuvieras que definir tu estilo en tres palabras, ¿cuáles serían?
Honesto, mediterráneo y contemporáneo.
Y mirando al futuro… ¿qué sueño gastronómico aún te queda por cumplir?
Seguir creando espacios que evolucionen con el tiempo y que mantengan una conexión real con las personas, pero también poder aportar algo desde la enseñanza y la transmisión del oficio. En el fondo siempre he tenido un sueño más silencioso: crear algún día un espacio de comidas preparadas para llevar, donde la cocina cotidiana, bien hecha y accesible, tenga el mismo cuidado y respeto que cualquier proyecto gastronómico.
COMO POSTRE…
- Un ingrediente imprescindible: El ajo.
- Una técnica que nunca falla: El respeto por el producto y las cocciones precisas.
- Un sabor que te emociona: El equilibrio del dulce-salado y la combinación de proteínas marinas y terrestres.
- Un recuerdo gastronómico de infancia: Las migas y el «Cap i Pota» de los domingos en casa de mis abuelos.
- Un restaurante al que siempre volverías: Tengo muchos, pero entre ellos Cal Campanyer en Roses, Bonanova y Gresca.








