Ubicado en el corazón de Barcelona, dentro del Hotel Alma, el Restaurante Alma se ha convertido en uno de los templos gastronómicos más interesantes de la ciudad.
Su propuesta elegante, sensible y profundamente emocional tiene nombre propio: Gheorghe Zgardan, un chef moldavo que, con técnica refinada y visión contemporánea, está conquistando paladares y corazones a partes iguales.
Conversamos con él sobre su viaje culinario, su relación con los ingredientes y cómo la cocina puede ser una forma de arte que toca el alma.

¿Qué significa para ti Alma, más allá del nombre del restaurante?
Para mí, Alma no es solo un nombre, es una declaración de intenciones. Es el espacio donde todo lo que soy mis emociones, mis aprendizajes y mis sueños toma forma en cada plato. Quiero que Alma sea un lugar donde las personas no solo vengan a comer, sino a sentir, a conectar. Cada creación nace desde dentro, desde algo honesto y profundo.
Vienes de Moldavia, un país poco conocido en el panorama gastronómico europeo. ¿Cómo influyen tus raíces en tu cocina actual?
Moldavia tiene una tradición culinaria humilde, muy conectada con la tierra, con productos frescos, fermentaciones y sabores intensos pero sencillos. Esa conexión con lo esencial siempre me acompaña.
Al mismo tiempo, mi formación en Italia ha sido clave para mí. Allí entendí la importancia del producto, del respeto por la materia prima y de la elegancia en la sencillez. La gastronomía italiana me enseñó técnica, precisión y sensibilidad. Hoy, en Alma, la cocina es un diálogo entre culturas: la emoción, memoria, y la técnica y refinamiento de Italia, todo reinterpretado desde una mirada contemporánea.
¿Cómo definirías tu propuesta gastronómica en Alma? ¿Cuál es ese plato que mejor resume tu cocina y por qué?
Es una cocina emocional y sensible. Busco el equilibrio entre técnica y emoción, entre memoria e innovación. No considero que haya un único plato que resuma lo que ofrecemos. Para mí, cocinar es un proceso muy ligado al momento depende del día, de la temporada, de los ingredientes disponibles e incluso del estado de ánimo. Cada jornada puede dar lugar a un plato distinto, y eso es precisamente lo que me resulta más estimulante de este oficio.

¿Cuál es tu proceso creativo a la hora de diseñar un plato?
Empieza casi siempre con una emoción o un recuerdo. Después viene el trabajo más técnico: pienso en el ingrediente protagonista, su estacionalidad, su origen… y busco cómo acompañarlo sin taparlo, cómo contar algo con él. A veces es un color, una textura o incluso una canción lo que despierta una idea. Me gusta que cada plato tenga varias capas: la visible y la que el comensal siente sin saber exactamente por qué.
¿Cómo es la relación de Alma con la sostenibilidad?
Es parte fundamental de nuestra filosofía. Trabajamos con productores locales, respetamos la temporalidad de los ingredientes, reducimos el desperdicio al mínimo y aplicamos técnicas de conservación tradicionales como la fermentación o el curado. Para mí, la sostenibilidad no es una tendencia, es una responsabilidad. Cocinar también es cuidar.
Barcelona es una ciudad con una escena gastronómica vibrante. ¿Qué crees que aporta Alma a esa ciudad?
Aporta una mirada distinta, quizás más introspectiva y emocional. En Alma no buscamos sorprender por el espectáculo, sino por la honestidad del mensaje. Nuestra cocina es íntima, reflexiva, pero profundamente conectada con el entorno. Creo que Barcelona, con su diversidad y su energía creativa, es el lugar perfecto para este tipo de propuesta.

“En Alma buscamos que cada plato cuente una historia que conmueva”

¿Qué te inspira fuera de la cocina?
El arte, sin duda. La música clásica, la pintura, la poesía… incluso caminar por la montaña en silencio. Me inspiran las historias humanas, los paisajes, la nostalgia. Creo que la cocina y el arte se parecen mucho: ambas buscan tocar algo dentro del otro, provocar una emoción.
¿Cómo te gustaría que los comensales recuerden su paso por Alma?
Me gustaría que salieran con la sensación de haber vivido algo auténtico, algo que les haya tocado de verdad. Que recuerden un sabor, un gesto, una emoción. No se trata solo de comer bien, sino de sentirse vistos, cuidados.
Eso es lo que me gustaría que Alma dejara en cada persona: una huella emocional.
¿Qué viene ahora para ti y para Alma?
Seguir evolucionando sin perder la esencia. Nos gustaría explorar más colaboraciones con artistas, abrirnos a nuevas experiencias sensoriales y quizá, en algún momento, llevar Alma a otros lugares, siempre con la misma filosofía. Personalmente, quiero seguir aprendiendo, viajando, dejándome inspirar. Mientras haya pasión, habrá camino.
Restaurante Alma
Ubicado dentro de Hotel Alma
Dirección: C. de Mallorca 271, 08008 Barcelona








