Glacier Express, el expreso más lento del mundo circula entre los Alpes Suizos

No son más de ocho horas las que tarda este tren panorámico en recorrer emblemáticos parajes de los Alpes suizos, pero resultan más que suficientes para darnos cuenta de la grandiosidad y belleza de este rincón de Europa por el que transita el Glacier Express desde hace casi un siglo.

Texto y fotos: Sergi Reboredo

A pesar de apellidarse “express”, no se trata en absoluto de un tren de alta velocidad, sino más bien, todo lo contrario. Su lentitud –que figura como señal de identidad desde sus comienzos– nos permite deleitarnos ante un paisaje de postal, a cada kilómetro más impresionante y cambiante según las estaciones. Montañas vertiginosas, idílicos espejos de agua, espesos bosques de abetos y pinos, valles salpicados de caseríos conforman el escenario.

Los Alpes por las ventanillas

El Glacier Express inicia su trayecto en la localidad de Zermatt, sede de una de las estaciones de esquí más antiguas y carismáticas de Suiza, en pleno corazón alpino. En unas ocho horas recorre 291 km, atravesando 91 túneles y cruzando 291 puentes, es decir, uno por kilómetro. Tras la salida de Zermatt se disfruta de increíbles vistas del monte Cervino, posteriormente el tren discurre en dirección Norte descendiendo por valles de espectacular belleza hasta llegar a Brig. Una vez allí gira al noreste por un tramo bastante oriental del valle del Ródano, hacia el puerto de Furka, y vuelve a descender hacia Andermatt antes de encaramarse de nuevo hasta el puerto de Oberlap, el punto más elevado del recorrido, situado a 2.033 m de altitud.

Desde aquí zigzaguea paralelo al río Vorderrhein, atravesando Disentis/Mustér hasta llegar a Chur.

Zermatt, paraíso del alpinismo

El tren parte de la estación de Zermatt con absoluta puntualidad suiza a las 8.52 h de la mañana. Esta comuna del cantón del Valais de apenas 6.000 habitantes se ha hecho famosa por estar situada junto al pico Cervino y por ser la base de la enorme estación de esquí de Zermatt y Breuil- Cervinia, una de las mejores del país. En invierno, un manto blanco cubre los tejados de las casas creando una atmósfera única que semeja un cuento de hadas. 

En tren cremallera hasta las nubes

Para rememorar las gestas de los héroes de la alta montaña, antes de subirnos al Glacier Express, en Zermatt es posible emprender un pequeño viaje por la alta montaña en el Gornergrat, un singular tren cremallera, considerado el más alto de Europa, que recorre en apenas media hora 10 km de empinadas subidas, pasando de los 1.500 a los 3.089 m de altitud. Conforme nos alejamos del barrio de Winkelmatten, a las afueras de Zermatt, y vamos subiendo paulatinamente, un paisaje trufado de abetos enmarca la preciosa silueta del monte Cervino, cada vez más próximo. Tras varias paradas se llega a la estación superior ubicada a 3.100 m de altitud.

Camino a Brig

De nuevo en el Glacier Express, desde Zermatt el tren comienza un descenso paulatino desde los 1.604 m de altitud hasta los 670 m de Brig. Son los primeros compases del trayecto y desde las ventillas todavía no se alcanza a ver el sol ya que tren zigzaguea por el fondo del valle. Las cumbres de las montañas, sobre todo en su lado norte, permanecen nevadas gran parte del año. Un alfombra verde cubre el prado en el que aparecen dispersos los típicos caseríos de madera del Valais, arropando en ocasiones algunas iglesias barrocas. El tren se detiene en Brig, pequeña población del valle del Ródano, a las 10.15 h.

Por el túnel de Furka

Desde Brig el tren comienza a ganar paulatinamente la altura perdida surcando el valle del Ródano. Llegamos hasta el legendario Paso Furka –el segundo puerto más alto de Suiza– que comunica Gletsch, en el cantón del Valais, con Andermatt, en el cantón Uri. Se trata de un túnel construído en el año 1982, de 15,4 km de longitud, en el cual las vistas del exterior se funden a negro durante unos 15 minutos. La nieve, que todavía perdura bien entrada la primavera en esta parte del recorrido, da paso de nuevo a verdes prados y el tren se enfila en un suave descenso por el impresionante desfiladero del Rin hasta llegar a Chur. Son las 14.15 y el tren se detiene un cuarto de hora en la estación de Chur. Para los cinéfilos, Chur cuenta con el aliciente de ser el lugar de nacimiento de H. R. Giger, el afamado creador de efectos especiales en algunas películas de Hollywood, como Alien: el octavo pasajero (1979), por la que obtuvo un Óscar.

Viaductos impresionantes

De Chur a St. Moritz hay únicamente dos horas, pero el paisaje es tan fascinante que el tiempo pasa volando. Todos los pasajeros se quedan boquiabiertos al llegar al punto más espectacular del trayecto y emblema del tren, el viaducto de Landwasser, también conocido como el puente de Filisur. Seis impresionantes arcos de piedra se extienden en una atrevida curva a derecha de 136 m de largo y 65 m de caída libre. Posteriormente el tren circula por el valle de Albula. Aquí, en una sección de vía entre Predra y Bergün de apenas 12 km se suceden ininterrumpidamente seis viaductos, tres túneles en espiral y dos helicoidales, una obra faraónica de ingeniería ferroviaria para superar más de 400 m de desnivel y no sobrepasar el gradiente máximo estipulado en un 3,5 %. El tren se interna ahora en el túnel de Albula, de casi 6 km de longitud, para continuar sin detenerse por la estación de Spinas en el portal sur, donde el convoy desciende una pendiente pronunciada del 3.,2% para llegar a Oberengadine en Val Bever. Pocos minutos después entramos a la terminal del ferrocarril Albula en St. Moritz, destino final.

St. Moritz, el reino de la nieve

St. Moritz o Sankt Moritz no es un destino turístico más. Esta comuna suiza del cantón de los Grisones, de apenas 5.000 habitantes, saltó a la fama en 1928 con la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno, evento que volvió a repetirse en 1948, lo que la posicionó a nivel mundial como referente indiscutible de este deporte. En Vía Serlas, su arteria principal, se dan cita las boutiques más selectas del mundo como Chanel, Louis Vuitton, Omega, Versace o Cartier, y el lago homónimo, a cuyos pies se extiende la villa, se convierte en una estupenda pista de hielo en invierno o en un agradable lugar en el que pasear y practicar deportes náuticos en verano. La diversión y el entretenimieto están asegurados todo el año.

La ciudad a vista de pájaro

El colofón perfecto a este viaje en el Glacier Express es subirnos al funicular vertical de Muottas Muragl, situado a pocos kilómetros de la ciudad y que ofrece un espectáculo panorámico sin igual desde los lagos de la Alta Engadina con St. Moritz al fondo, hasta los macizos de Piz Palü y Piz Bernina, con el blanco característico de sus paredes. El funicular asciende desde Punt Muragl, situado a 700 m, hasta los 2.454 m en la cima de Muottas Muragl en tan solo 10 minutos. Una vez en la cima se puede disfrutar de espléndidas puestas de sol desde un mirador, quedarse a dormir en un hotel de madera con decoración alpina o si es invierno, disfrutar de la pista de trineos del “sendero de los filósofos” o pasear con raquetas de nieve.

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