Cuando llega el verano, muchas personas —sobre todo mujeres— sienten que, a pesar de comer bien y mantenerse activas, algo no encaja: aparece la hinchazón, se gana peso con facilidad y la energía parece irse con el calor. Si te ocurre esto, tranquila, no eres tú: son tus hormonas.
Durante el ciclo menstrual, el cuerpo atraviesa fluctuaciones hormonales que no solo afectan al estado de ánimo, sino también al metabolismo, la retención de líquidos y la forma en la que se almacena la grasa.
En fases como la premenstrual, el desequilibrio entre estrógenos y progesterona puede provocar más ganas de comer dulces, mayor sensibilidad a la insulina, que te hace sentir más cansada y con más apetito, y una sensación constante de hinchazón.

Además, el calor, el mal descanso por las altas temperaturas y los cambios de rutina elevan el cortisol —la hormona del estrés—, que favorece la acumulación de grasa abdominal y aumenta la inflamación.
Esto hace que el cuerpo esté más reactivo, más cansado… y además sea menos eficaz quemando grasa.
Y si hablamos de mujeres en etapa de menopausia o perimenopausia, los efectos se intensifican. La bajada natural de estrógenos en esta etapa impacta directamente en el metabolismo, el sueño, la composición corporal y la microbiota intestinal.
Es común notar más grasa abdominal, menos masa muscular y más dificultad para recuperar la figura de antes, aunque se mantengan hábitos saludables, o al menos todo lo saludables que eran antes de esta etapa.
¿Qué puedes hacer para sentirte mejor?
1 / Mantén una buena hidratación.
Beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día mejora la eliminación de líquidos retenidos y ayuda a mantener estable la temperatura corporal. No sería la primera vez que escucho que «para no retener, bebo menos o incluso no tomo sal»…error, nuestro cuerpo necesita agua y sales.
2 / Alimentación antiinflamatoria
Llena tu plato de vegetales de hoja verde, frutas como arándanos o cerezas, pescados grasos ricos en omega-3, como el salmón o los boquerones, y grasas de buena calidad como el aceite de oliva virgen extra o el aguacate. Asegúrate una buena fuente de proteína en cada comida con pescados, huevos y carnes de calidad. Reduce los ultraprocesados, las harinas blancas y el azúcar y no te pases con el exceso de fruta.
3 / Gestiona el estrés
Técnicas como la respiración profunda, caminar descalza por la arena o el césped o simplemente desconectar del móvil ayudan a bajar el cortisol y, con él, la inflamación.
4 / Cuida tu descanso
Dormir entre 7 y 8 horas regula las hormonas que controlan el apetito (leptina y grelina), favorece la regeneración metabólica y te ayuda a mantener un peso saludable y reducir el estrés de manera considerable.
5 / Ejercicio moderado y constante
Caminar, nadar, hacer yoga o Pilates no solo activa la circulación, sino que mejora la sensibilidad a la insulina y reduce los síntomas inflamatorios. Si además puedes hacer algo de fuerza, ¡será un complemento perfecto!
En resumen
El verano puede ser una trampa hormonal si no entendemos lo que está pasando en nuestro cuerpo. Pero con pequeñas estrategias, adaptadas a tu momento vital —incluida la menopausia—, puedes recuperar tu energía, reducir la inflamación y sentirte tú misma, sin renunciar al placer de vivir y comer bien.
No se trata de hacer más, sino de hacerlo con inteligencia metabólica.








