Italia más allá del tópico: el arte de perderse cerca de casa.

En 2026, viajar ya no es solo una cuestión de destino, sino de contexto. La incertidumbre geopolítica, las tensiones económicas y la necesidad de mayor control sobre los desplazamientos nos están haciendo replantearnos las próximas vacaciones: ¿un largo trayecto en avión?, ¿alguna duda sobre la seguridad? Por eso este año, más que nunca, miramos hacia Europa como la opción más deseable.

Y dentro de ella, Italia emerge como una elección natural: cercana, accesible, culturalmente rica… ¿Masificada y ‘demasiado vista’? En realidad no, si abres tu mente y descubres sus secretos mejor guardados.

Descubre Italia y sus secretos

Si hay un país del que parece que ya lo hemos visto todo, ese es Italia: el Coliseo, los canales de Venecia, la torre de Pisa, la encantadora Capri, … iconos universales que han construido una imagen potente y ciertamente deseable, pero también limitada. Italia es todo eso, pero también es mucho, muchísimo más. Y en un verano como este, en el que los viajeros buscan experiencias más auténticas, más pausadas, más conectadas con el entorno y, también, más cerca de casa, Italia se corona como la gran conocida-desconocida que seguirá dando mucho que hablar más allá de los grandes clásicos.

Vamos a ver algunos ejemplos que te harán replantearte este ‘verano italiano’.

Umbría, el secreto mejor guardado

Durante años, la Toscana ha sido el epítome del viaje italiano: colinas onduladas, cipreses, viñedos y pueblos de postal. Sin embargo, podemos decir que muere de éxito. Solo Florencia, la capital de la región, recibe más de 13 millones de visitantes al año. Y eso, con una población de apenas 380.000 habitantes, significa que en temporada alta puede llegar a haber más de 30 turistas por cada residente. Una ciudad bellísima, sin duda, pero impracticable en ciertas temporadas.

Sin embargo, a pocos kilómetros existe otra realidad. Umbría, conocida como el “corazón verde de Italia”, ofrece paisajes similares, o incluso más salvajes, con una diferencia fundamental: el silencio. Siete veces menos visitada que la Toscana, esta pequeña región concentra bosques, colinas, pueblos medievales y una vida rural que sigue su propio ritmo. Aquí, el viajero no se siente parte de una masa, sino invitado a una cotidianeidad que no ha sido diseñada para el turismo.

En Montefalco, por ejemplo, el viaje se construye alrededor de la gastronomía. Enotecas como l’Alchimista invitan a descubrir quesos locales, vinos intensos y recetas que hablan del territorio. No se trata (sólo) de degustar, sino también de entender toda una cultura. En verano, las fiestas populares como la Sagra della Cipolla en Cannara transforman los pueblos en espacios compartidos donde la comida, la música y la tradición se mezclan sin artificios, y donde el visitante es bienvenido a participar.

Más al norte, en Città di Castello, también encontramos más celebraciones, en esta ocasión en torno al aceite de oliva o las castañas, conectadas directamente con el calendario agrícola. Y en Orvieto, suspendida sobre un acantilado, la historia se esconde también bajo tierra, con una red de túneles que ofrece una perspectiva distinta de la ciudad.

Pero quizá lo más valioso de Umbría no sea lo que se visita, sino cómo se vive. Caminar o pedalear entre colinas, detenerse sin prisa, observar. “Nací en Perugia y sigo viviendo aquí, así que Umbría es parte de mi día a día: ir al mercado, pasar tiempo junto al lago, subirme a un barco sin planificarlo. Así es como diseño mis viajes: experiencias auténticas, ya sea una visita a Norcia que entretiene incluso a los adolescentes o una clase práctica de cocina para aprender a preparar strangozzi. No es una región que busque impresionar, pero precisamente por eso la gente conecta con ella”, explica Najwa, agente local de la plataforma de viajes sostenibles Evaneos.

Emilia-Romaña, donde Italia se saborea

Si Umbría representa la calma, Emilia-Romaña encarna el placer. Menos conocida a nivel internacional que otras regiones italianas, es sin embargo uno de los grandes epicentros gastronómicos de Europa.

Aquí nacen algunos de los productos más emblemáticos del país: el Parmigiano Reggiano, el prosciutto di Parma, el vinagre balsámico de Módena. Pero, más allá de los nombres, lo que define a esta región es la relación íntima entre la comida y la vida cotidiana.

En los alrededores de estas ciudades, Parma y Módena, el viajero puede adentrarse en la cultura del paladar a través de visitas a productores, degustaciones en pequeñas explotaciones familiares o comidas en trattorias donde la tradición sigue intacta como algo real, no como un ‘decorado’ para turistas. Y para quienes buscan algo distinto, o menos ‘natural’. Muy cerca de Módena encontrarán el llamado “Motor Valley”, todo un monumento a la ingeniería automotriz con las sedes de Ferrari, Lamborghini o Maserati.

Otra ciudad clave de la región es Bolonia.

Un equilibrio perfecto entre historia y modernidad. Sus pórticos, sus mercados y su vibrante ambiente universitario, no en vano alberga la universidad más antigua del mundo, fundada en 1088, la convierten en una ciudad dinámica que, precisamente por eso en verano, se vacía en parte alejándose del turismo masivo de otras capitales italianas.

Porque Emilia-Romaña también invita a bajar el ritmo también si queremos disfrutar del mar o la montaña. En los Apeninos o el delta del Po, la naturaleza se despliega sin multitudes. Y en la costa adriática, pequeños pueblos ofrecen una alternativa más auténtica a los grandes resorts.

“No nací en Emilia-Romaña, pero con el tiempo se convirtió en mi hogar. Lo que me encanta de aquí es la naturalidad con la que se recibe a la gente: llegas, te sientas y siempre hay sitio para ti en la mesa. Esa es la sensación que intento recrear para los viajeros”, cuenta Angela, agente local de Evaneos. “Mis lugares favoritos son sencillos: el mercado de los lunes en Novafeltria o las orillas del río Marecchia, donde pasamos las tardes de verano”. Esa hospitalidad sin pretensiones es, probablemente, uno de los mayores lujos del viaje.

Viajar cerca, descubrir más

El reto no es encontrar nuevos destinos, sino nuevas formas de experimentarlos. Alejarse de los iconos, explorar regiones, dejar espacio a la improvisación, apoyarse en el conocimiento local.

Italia demuestra que la proximidad puede ser una puerta a lo inesperado, siempre que estemos dispuestos a cambiar la mirada. Porque, al final, viajar no consiste en tachar lugares de una lista, sino en construir recuerdos que permanezcan.

Scoprire l’Italia significa scoprire la vita!

GUÍA PRÁCTICA

Evaneos ofrece varios programas de 6, 8, 10 o 14 días para descubrir Italia, su cultura, su gastronomía y, sobre todo, su diversidad natural y cultural.

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