Jaime Rodríguez. El autor que le dio la vuelta al amor con «Muérete, Cupido».

Con su libro «Muérete, Cupido», el escritor se ha convertido en una voz distinta, directa y sin filtros.

El autor Jaime Rodríguez

En tiempos donde el romance se vende como promesa eterna, Jaime Rodríguez se atreve a desarmar al mito más famoso de todos: Cupido.

Con su libro «Muérete, Cupido», el escritor se ha convertido en una voz distinta, directa y sin filtros, que conecta con quienes buscan hablar de relaciones desde un lugar más real y menos edulcorado.

En esta entrevista, Rodríguez nos cuenta cómo nació la idea de desafiar al dios del flechazo, por qué escribir sobre amor también es escribir sobre libertad y qué lo inspira a seguir provocando conversaciones incómodas… pero necesarias.

La novela comienza con una imagen desgarradora: "despegando del parqué cachitos de mi corazón destrozado". ¿Es ese corazón el suyo? ¿Cuánto hay de autobiográfico en esta historia?

Todos los libros tienen algo de uno mismo. Este, quizás, un poco más que la media. Mi corazón está lleno de rotos y remaches y no podría haber escrito ese libro sin un pasado. Es cierto, además, que empecé a escribir Muérete, Cupido tras mi última ruptura lo cual lo hizo todo más orgánico y real. Como dice Eva, mi editora, «Uno escribe de lo que ha perdido».

En Muérete, Cupido se percibe una mirada crítica hacia una generación desencantada. ¿Qué le inspiró a retratar esta juventud tan marcada por la melancolía y la búsqueda?

Me comentan bastante que puede ser un libro generacional pero es complicado pensar que alguien pueda hablar en nombre de tanta gente. De todas maneras, no está de más que, de vez en cuando, alguien aglutine en un libro los deseos, carencias, sueños y pesadillas de un puñado de personas. Creo que es un buen generador de conversaciones y que puede poner encima de la mesa ciertos temas que nos preocupan como la vivienda, el amor en los tiempos del like y lo perdidos que andamos todos intentando equilibrar lo que somos y lo que nos dicen que debemos ser.

Madrid es casi un personaje más en la novela. ¿Cómo influye la ciudad en el estado emocional de los protagonistas? ¿Qué tiene Madrid que la hace tan literaria y tan hostil a la vez?

Madrid es salvaje e infinita. Puedes salir un jueves por la tarde de casa y no regresar hasta el domingo, con la cuenta bancaria vacía y un puñado de historias en el bolsillo que no olvidarás jamás. Aquí te pasa de todo todo el rato, y si sabes moverte bien, es una ciudad interminable. No es lo mismo enamorarse aquí que hacerlo en un pueblo de cuatro mil habitantes: los estímulos en una gran ciudad son de peso y numerosísimos. Es muy difícil (¿imposible?) que una amor Disney-romántico-tradicional se de aquí. Me refiero a un amor bien planteado, sin trampas ni dobleces. Un amor duradero y real.

Ha descrito su obra como un recorrido por el infierno y el paraíso a través de las estaciones. ¿Hay una estación del año en la que usted personalmente haya sentido que todo se rompía o que todo podía comenzar de nuevo?

En verano todo empieza y todo acaba. Suele ser la estación de las rupturas y las despedidas. Si hay un romance, suele ser fugaz, pero las rupturas del verano son innumerables.

El amor aparece como un espejismo, una búsqueda constante y casi dolorosa. ¿Qué cree que ha cambiado en la manera en que su generación vive el amor?

Somos más egoístas y estamos expuestos a demasiados estímulos. Mil películas, y no vemos ninguna. Mil canciones, y no escuchamos nada. Mil fotografías, y no observamos ni una sola. El amor consiste en dar y ahora estamos dispuestos a dar muy poquito. No quiero usar la palabra «egoístas» pero creo que me entiendes.

En un momento del libro se percibe una especie de rendición "los sueños nunca se cumplen más que como un espejismo". ¿Lo dice desde la experiencia personal o como voz generacional? ¿Todavía cree en los sueños?

¡Claro que creo! Pero tenemos que tener una cosa clara: de las miles de cosas que vamos a intentar a lo largo de la vida, solo unas pocas nos van a salir realmente bien. la mayoría serán mediocres y pasarán desapercibidas. Ahora sí, cuando hagamos algo bien, cuando la saquemos del estadio, lo sabremos inmediatamente. Y esos sueños los tendremos que celebrar por todo lo alto.

Su estilo es muy visual, casi cinematográfico. ¿Qué influencias culturales —literarias, musicales, cinematográficas— lo han marcado a la hora de escribir esta obra?

Soy un niño que se hizo hombre en los 90. Soy un niño más de guiones que de efectos especiales. Soy un chaval de Pulp Fiction y Forest Gump. La música que me gusta es cruda y sin autotuning: Beatles, Doors, Nirvana & Strokes. Aunque me muevo bastante bien en un mundo digital, me gustan las cosas reales y tangibles

Los personajes parecen atrapados en un vaivén entre esperanza y desolación. ¿Diría que la escritura de "Muérete, Cupido" fue para usted una forma de catarsis?

Absolutamente. Al principio no lo quería ver así, pero a medida que el libro gana solera, me he dado cuenta que “Muérete, Cupido” es algo que llevaba dentro y que tenía que expulsar para seguir caminando. Necesitaba exorcizar esa manera tan dolorosa de ver el amor y la única manera que conozco de hacerlo es vomitarlo en un libro.

¿Cómo fue el proceso de escritura? ¿Lo vivió como algo doloroso, liberador o ambas cosas? ¿Hubo algún capítulo especialmente difícil de escribir?

La primera parte del libro, el verano loco y salvaje que desemboca en el otoño solitario y el terrible invierno, muy duro de escribir. Date cuenta de que en esta novela la realidad y la ficción se entremezclan en un nudo difícil de desenmarañar. Muchas de las experiencias que lees, son reales. otras no. Y en esa ambigüedad vivimos los escritores.

Muchas veces toca recordar, revivir y mirarte en un espejo que tú mismo vas creando a medida que tecleas. Y esos espejos, los tuyos, suelen ser los espejos más duros.

La primavera, la parte final del libro, fue la parte más bonita de escribir. Creo que lo hice con una sonrisa en la boca. Y creo que se nota.

Si pudiera volver atrás y hablar con el Jaime que comenzó a escribir este libro, ¿qué le diría? ¿Y qué cree que le respondería él?

Uf. Difícil pregunta. Que se tome algo más de tiempo; que no tenga prisa. Pero a la vez, hay algo en este libro, de urgencia, de explosión, que es lo que lo hace único. Si volviera a escribir este libro, escribiría otro. Porque este ocurrió así, en un momento único y singular. Y eso, está bien

Jaime Rodríguez

IG: @instagram.com/jimirodriguez