La Embajada de Serrano aterriza en Madrid con una impecable cocina tradicional, alma de bar y la bonita historia de un chef que cocina desde la memoria
Una nueva apertura que rinde homenaje a la tradición española con acertados guiños viajeros
Un proyecto personal que ya es parada obligada
La Embajada de Serrano abrió sus puertas durante el pasado mes de diciembre para convertirse en una nueva parada obligada en el exclusivo barrio de Salamanca. El proyecto más personal de Nicolás Reyes, que tras más de catorce años trabajando en Cañadío Madrid, por fin se ha animado a dar forma a su propio restaurante, algo que se nota y se saborea desde el primer bocado.
Un espacio con encanto, pensado para disfrutar
Ubicado en una elegante esquina de la calle Serrano, el nombre podría hacer pensar en un restaurante solemne, aunque nada más lejos de la realidad, porque aquí encontramos alma de bar, mesas sin mantel, música que acompaña sin estorbar y una cocina pensada para compartir, disfrutar y repetir muchas veces. Un lugar con mucho encanto, donde se viene a comer bien y a pasarlo aún mejor.
Cocina tradicional con guiños viajeros
La propuesta gastronómica de La Embajada de Serrano gira en torno a un recetario tradicional español con pequeños guiños viajeros que hablan de la historia del chef. Nacido en Venezuela y criado en Cantabria, su cocina nos habla de producto, de técnica y de memoria. Y sí, la tortilla de patatas con mucha cebolla, ya se ha convertido en uno de los platos estrella y casi en una bonita declaración de intenciones.
Clásicos bien ejecutados que reconcilian
En la carta de La Embajada de Serrano la ensaladilla rusa demuestra que un clásico puede alcanzar la categoría de alta cocina cuando se trabaja con precisión. Cremosa, equilibrada y con el punto justo de frescura, se convierte en una de esas versiones que nos reconcilian con el recetario tradicional. Mientras que la llamativa ensalada de langostinos en tempura aporta ligereza y contrastes y se convierte en un entrante que resulta perfecto para compartir.
Alcachofas, rabas y otros bocados memorables
Especial mención merecen las alcachofas rellenas de txangurro y holandesa, donde la delicadeza del producto se funde con la intensidad marina del centollo y la sedosidad de una holandesa impecablemente ejecutada. En la misma línea, la alcachofa con foie y lascas de embutido ibérico, juega perfectamente con el contraste de sabores, ofreciendo un bocado profundo y elegante, lleno de exquisitos matices.
Las rabas al estilo Santander con mayonesa de piparra son un entrañable guiño al norte. Crujientes y ligeras, van acompañadas de una divertida mayonesa de piparras que les aporta un punto ligeramente ácido y aromático que nos hizo rebañar a conciencia hasta la última gota, antes de pasar a saborear unos riquísimos huevos fritos con sobrasada y patatas tempurizadas.
El dulce final llegó a continuación con una exquisita tarta de queso, sumamente cremosa y elegante, que hará las delicias de los más golosos.
Un restaurante para volver una y otra vez
En su corta vida, La Embajada de Serrano ya se posiciona como ese restaurante al que volver una y otra vez, tanto para una comida informal, una cena entre amigos, como para simplemente sentarse en la barra y dejarse llevar. Un lugar donde la cocina no grita, pero emociona y donde cada plato cuenta una historia llena de sabor y recuerdos. Porque al final, no todas las embajadas representan países. Algunas, como esta, representan una forma honesta y feliz de entender la gastronomía.













