‘La mala madre’: cuando el miedo más profundo no vive en la oscuridad

Alicia Albares debuta en el largometraje con un thriller psicológico que llega a Sitges para explorar la maternidad desde su lado más incómodo: el miedo, la culpa, la obsesión y todo aquello que preferimos no mirar.
Mujer con una herida en la frente y una figura femenina al fondo en una escena de La mala madre.

Hay miedos que funcionan porque aparecen de repente. Una puerta que se abre, una sombra al fondo de un pasillo, algo que se mueve cuando sabemos que no debería hacerlo. Y después están los otros, los que resultan mucho más difíciles de expulsar porque no vienen de fuera, sino que nacen de nosotros mismos.

La mala madre, la ópera prima de Alicia Albares, pertenece a esta segunda categoría.

La película tendrá su estreno internacional en la 59ª edición del Festival de Sitges, dentro de la sección Panorama, y propone utilizar las herramientas del thriller y el terror para entrar en un territorio especialmente delicado: la maternidad entendida no como espacio idealizado, sino como un lugar en el que pueden convivir amor, miedo, arrepentimiento, protección y obsesión.

No es casual que sea precisamente Sitges el lugar elegido para presentarla. El festival lleva décadas entendiendo el fantástico como algo que va mucho más allá del susto y este año vuelve a apostar por historias que utilizan el género para hablar de aquello que nos inquieta cuando apagamos la luz. La edición de 2026, que se celebrará del 8 al 18 de octubre, llega además con una fuerte presencia del cine español y nuevas miradas dispuestas a ampliar los límites del terror.

Una casa, una mujer y una verdad que no termina de encajar

La historia comienza con Victoria, una mujer que despierta sin recuerdos en una casa aislada. A su alrededor hay un médico y una mujer que asegura ser su madre. Todos parecen tener una explicación para lo ocurrido: Victoria ha sufrido un accidente y su hija ha muerto.

Pero hay algo que no encaja.

A medida que los recuerdos empiezan a regresar, también lo hacen las preguntas. Victoria descubre que no está allí por voluntad propia y que detrás de las personas que la rodean existe una verdad mucho más perturbadora. Secuestros, asesinatos y una presencia femenina vinculada con la muerte de su hija terminan convirtiendo aquella casa en el escenario de una pesadilla de la que tendrá que encontrar la manera de escapar.

Y ahí parece estar una de las claves de la película: el misterio no consiste únicamente en descubrir qué ha ocurrido, sino en averiguar hasta dónde puede llevarnos aquello que sentimos.

La película parte de una pregunta inquietante sobre la maternidad y la convierte en materia de thriller. ¿Qué ocurre cuando proteger deja de significar cuidar? ¿Dónde termina el amor y comienza la obsesión? ¿Cuánto pesa la culpa cuando aquello que debería ser una elección empieza a sentirse como un mandato?

Albares utiliza el género para formular estas preguntas sin abandonar su dimensión más física. Hay secretos, violencia, tensión y una casa que funciona como espacio de encierro, pero detrás del mecanismo de suspense existe una historia mucho más íntima.

La propia directora ha definido el proyecto como una experiencia catártica y reconoce que Victoria funciona, en cierto modo, como un alter ego desde el que explorar una idea que forma parte de su propio imaginario: la maternidad como mandato.

Es probablemente ahí donde La mala madre encuentra su territorio más interesante. No parece querer utilizar el terror únicamente para provocar miedo, sino para llevar al espectador hasta un lugar incómodo y dejarlo allí el tiempo suficiente como para que empiece a hacerse preguntas.

Una mujer de pelo canoso abraza por detrás a otra con una herida en la frente en La mala madre.

Del cortometraje al universo de Sitges

Para Alicia Albares, la película supone además un salto importante. La directora comenzó a trabajar en cine a los 19 años y ha formado parte de los equipos de dirección y producción de más de quince largometrajes. Sus trabajos anteriores han pasado por numerosos festivales y acumulado más de 700 selecciones y cerca de 120 premios.

Alicia Albares, directora de La mala madre, sentada en una sala de cine con una acreditación de Sitges.

El proyecto de La mala madre también ha tenido un recorrido previo por el circuito internacional del fantástico, pasando por iniciativas como Frontières, Blood Window, Fantastic 7 del Festival de Cannes o Woman in Fan de Sitges.

Ahora llega el momento de comprobar qué ocurre cuando esa historia abandona las salas de desarrollo y se encuentra por primera vez con el público.

Y hacerlo en Sitges tiene algo de declaración de intenciones.

El festival ha construido precisamente una parte de su identidad alrededor de películas capaces de encontrar el fantástico en lugares inesperados: el cuerpo, la familia, el deseo, la identidad o los miedos cotidianos. En 2026, además, la programación española vuelve a mostrar una generación de cineastas que está utilizando el género para explorar territorios mucho más amplios.

Thaïs Blume frente a sus propios fantasmas

En el centro de esta historia está Thaïs Blume, que interpreta a Victoria y sobre cuyos recuerdos fragmentados y descubrimientos se construye buena parte de la película. La acompañan Alex Gadea, Mariana Cordero, Marina Alegre, Lluna Aldasoro, Jordi Aguilar y Javier Pereira, ganador del Goya al Mejor Actor Revelación por Stockholm.

Una mujer de pelo canoso abraza por detrás a otra con una herida en la frente en La mala madre.

La elección del reparto también refuerza esa sensación de película construida alrededor de los personajes. Porque aquí el terror no parece depender únicamente de aquello que aparece frente a la cámara, sino de lo que cada personaje sabe, oculta o está dispuesto a creer.

Y quizá por eso la casa donde despierta Victoria sea algo más que un escenario. Es un espacio cerrado donde las certezas desaparecen poco a poco y donde la protagonista debe reconstruirse al mismo tiempo que reconstruye su propia historia.

La película, producida por Admirable Films y Mordisco Films, se rodó durante seis semanas en distintas localizaciones de la Comunidad Valenciana y llega ahora a Sitges como la primera incursión de Albares en el largometraje.

Una de las películas españolas que miraremos de cerca en Sitges

Hay algo especialmente estimulante en los debuts cuando llegan a un festival como Sitges: todavía no sabemos exactamente qué lugar ocuparán en el imaginario del género, pero sí podemos intuir qué cineastas merece la pena empezar a seguir.

La mala madre parte del terror para hablar de algo mucho más reconocible que una criatura escondida en la oscuridad. Habla de nuestras expectativas, de las decisiones que tomamos y de las que imaginamos que deberíamos haber tomado. De la culpa y de esa frontera tan difícil de señalar entre querer proteger y querer controlar.

Quizá por eso su título resulte tan perturbador.

Porque “mala madre” no parece únicamente una etiqueta dentro de la película. Es también una pregunta.

Y habrá que esperar a Sitges para descubrir qué respuesta propone Alicia Albares.

Cartel de La mala madre, de Alicia Albares, con una mujer ante una casa y el sello de Sitges 2026.

LA MALA MADRE

Dirección y guion: Alicia Albares
Reparto: Thaïs Blume, Alex Gadea, Mariana Cordero, Marina Alegre, Javier Pereira, entre otros.
Año: 2026
Duración: 88 min.
País: España
Sección: Panorama — Sitges 2026.