FOTOS: COKE RIERA
El grupo mexicano Tanaka Hospitality, nos aguarda en la esquina de Recoletos con un bonito proyecto que busca convertir cada comida en un viaje sensorial entre Japón y México.
Bautizado como Li-Onna, el local nos adentra en un impecable proyecto de interiorismo firmado por Lázaro Rosa-Violán. Un precioso espacio, que juega con una elegancia sobria y envolvente, donde los terciopelos cálidos y los detalles cuidadosamente elegidos crean un ambiente sofisticado, pero sumamente acogedor.

Dos ambientes, dos experiencias: Del Sushi Bar al refugio íntimo
El restaurante se divide en dos niveles que funcionan casi como dos experiencias distintas. En la planta de arriba, nos recibe un salón abierto donde la barra de coctelería y el sushi bar son un verdadero espectáculo, mientras que en la planta baja descubrimos un refugio más íntimo que resulta ideal para esas largas sobremesas en las que el tiempo parece detenerse.

Fusión sin fronteras: Cuando la técnica japonesa abraza el matiz mexicano
Pero si el continente impresiona, el contenido no se queda atrás. La carta de Li-Onna, es un ejercicio de fusión bien entendido, donde la técnica japonesa se encuentra con los inconfundibles matices de la cocina mexicana. El resultado es una propuesta sin fronteras, donde cada plato busca sorprender sin perder coherencia.
En esta ocasión optamos por probar el menú ejecutivo de Li-Onna que comenzó con unos irresistibles langostinos crujientes que llegan a la mesa como un bocado adictivo desde el primer crujido. Dorados, crujientes y con un acertado punto picante, más que un riquísimo entrante, se convierten en una solemne declaración de intenciones.
De los principales optamos por el solomillo Josper, una opción contundente y precisa donde la parrilla aporta ese carácter ahumado que envuelve la carne sin dominarla, respetando su punto y su jugosidad. Es un plato que habla de técnica, pero sobre todo de respeto por la materia prima.
El broche de oro: El lado más hedonista con el postre Chunky Monkey
En el terreno dulce, el guiño lúdico lo pone el Chunky Monkey, una propuesta desenfadada que mezcla texturas y recuerdos con un aire contemporáneo. Uno de esos postres que conectan directamente con el lado más hedonista del comensal y que logra construir un final elegante, casi adictivo, que hará las delicias de los paladares más golosos.
Li-Onna ya se ha convertido en un punto de encuentro obligado en la capital donde convergen diseño, técnica y creatividad. Un lugar donde Madrid se abre al mundo a través de los sabores y donde cada visita promete ser distinta. Porque aquí no se viene solo a comer… ¡Se viene a dejarse sorprender!








