En tiempos de consumo rápido, Luis Hedo ha apostado por lo contrario: parar, escuchar y conversar.
"Books & People", el podcast que dirige y presenta, se ha convertido en un espacio donde la literatura vuelve a sentirse cercana, viva y necesaria.
Con más de 127.000 seguidores y una segunda temporada que arranca, hablamos con él sobre libros, curiosidad y la importancia de no tener todas las respuestas.
¿Recuerdas el primer momento en el que pensaste: “esto puede funcionar”?
La verdad que nunca pensamos que fuera a tener la repercusión y visibilidad que ha alcanzado. Creíamos que se quedaría en algo sectorial, visto principalmente por gente que se dedicase al mundo del libro. Imagínate: en enero de 2025 teníamos 1.000 suscriptores en YouTube y, para nosotros, aquello era todo un éxito, casi sorprendente. Cuando en marzo superamos los 20.000, nos miramos y dijimos: “¿qué está pasando aquí?”.
De hecho, el programa estaba concebido para un proyecto auto conclusivo: un homenaje a los oficios necesarios para que un libro llegue a una librería, y ahí terminar. Pero con ese nivel de difusión sentí que la conversación tenía que continuar. Decidí entonces integrar el programa en mi productora audiovisual, Tranvía 8 Films, y lanzar la segunda temporada, con más recursos y una edición más cuidada, respaldados además por una audiencia en YouTube de más de 125.000 suscriptores, y por todos los aprendizajes del primer año.
Books & People nació como un tributo. ¿A quién le debes hoy ese primer impulso?
El primer impulso se lo debo a mi hermano, Alejandro Hedo, y a mis socios, Enrique Díaz y José Antonio Mora. A ellos. Cuando propuse cambiar la manera de celebrar el 10º aniversario de Liber Digital, la empresa de nuestro grupo industrial dedicada a fabricar libros en papel con tecnología de impresión digital orientada a tiradas cortas y medias, sabía que no era una idea convencional. Un proyecto sin carácter comercial. Hecho únicamente por el amor al mundo del libro. Lejos de generar dudas, la idea les entusiasmó. Y desde el primer momento, apoyaron el proyecto sin reservas.
También les debo mucho a Alberto Hernández, que me acompaña en todo lo relacionado con el marketing, y a Jeosm, cuya mirada profundamente creativa fue clave para dar forma al proyecto desde sus inicios.

¿Qué te sigue emocionando del mundo del libro después de tantos años dentro de él?
Me sigue emocionando que el libro tenga que ver, ante todo, con las personas. El libro tiene que ver con compartir, y compartir es vivir. Desde su génesis, un escritor o una escritora comparte ideas, inquietudes, preguntas; ya sea a través de una novela o un ensayo, ese gesto genera una conversación silenciosa y profunda con el lector.
Me apasiona el mundo del libro. El simple hecho de recorrer alguna de las fábricas, saludar a mis compañeros y ver los libros que estamos produciendo ese día me ilusiona. Me genera satisfacción la sensación de estar aportando valor a la sociedad, de poner nuestro granito de arena para que los libros sigan llegando a las personas y poder fomentar una sociedad lectora. Trabajar en el entorno industrial no es fácil en estos momentos que estamos viviendo, te diría que es duro, con márgenes muy reducidos, pero hay gratificación más allá del dinero, cuando aportas valor. Esa es la razón de ser del pódcast: dar valor al libro y fomentar la lectura.
En el podcast te escuchamos calmado y reflexivo. ¿Eres así también fuera de cámara?
No siempre soy así. Soy una persona muy inquieta, ligeramente hiperactiva, pero el pódcast necesita un espacio de calma, un lugar donde el protagonismo absoluto lo tiene el invitado. En mi caso, practico la escucha activa y estoy presente con todos mis sentidos para quien tengo delante.
Me siento muy agradecido de que compartan su visión con nosotros, y eso es lo mínimo que puedo ofrecer a cambio. Por ese motivo me concentro al máximo e intento apagar todo el ruido mental. Es fácil cuando se tiene hambre de saber y mucha curiosidad.

Esta temporada juegas con el misterio de los invitados sorpresa. ¿Te gusta sorprender o que te sorprendan?
La gente que me conoce bien, en la intimidad, sabrá que has hecho una buena pregunta. En el caso del programa, creo que hay un poco de cada, un punto intermedio entre sorprender y dejarme sorprender. Hacer partícipe a la gente, invitarla a divagar sobre quién será el siguiente invitado o invitada, es una manera de tener presente los deseos de quienes nos ven.
Cuando alguien, a partir de una foto de espaldas, se aventura a decir quién cree que es la persona invitada, creo que habla más de sus deseos que de una verdadera intuición. Por supuesto, siempre puede haber algún detalle que delate quién es, pero eso ya es otra cuestión.
¿Qué libro tienes ahora mismo en la mesilla de noche?
Ahora mismo estoy leyendo «La abuela civil española», de mi amiga Andrea Stefanoni. La primera página es una promesa de la que ya no puedes escapar. Llevaré unas cien páginas y me tiene totalmente atrapado. El texto es contundente, como un golpe preciso, y está lleno de frases que te conmueven hasta al punto de obligarte a parar y pensar durante un rato. En la primera página, Andrea escribe: «hay palabras de las que es difícil volver». Esta frase me traspasó y me acompaña, como un tatuaje que entra más allá de la piel.
Cuando apagas los focos y se termina la grabación, ¿qué te gustaría que se llevara cada espectador?
Siempre pienso que me gustaría que, con cada programa, la gente sienta un poquito más de amor por los libros. Los libros son una maravilla: nos permiten mantener conversaciones con personas que no conocemos, nos amplían el mundo y nos hacen ser un poco más empáticos. Si conseguimos ser otro agente más que fomente la lectura, acerque al mundo del libro a nuevos lectores y que, con todo ello, contribuya a construir una sociedad más empática, para mí esa será la verdadera recompensa.








