Paraíso de los Pinos, un destino idílico en Formentera para disfrutar del verano.

Entre pinares, paredes encaladas y un azul que solo existe en las Pitiusas, este complejo de suites y villas se ha convertido en el refugio veraniego favorito de quienes buscan un lujo silencioso.
Paraíso de los Pinos Formentera

Llega el calor y, con él, esa llamada casi instintiva que muchos sienten hacia Formentera.

La isla más pequeña y menos domesticada de las Baleares vuelve a desperezarse, abre de nuevo sus puertas y nos recuerda que no hace falta cruzar el Atlántico para encontrar aguas cristalinas y arenas blancas, porque el Caribe, esta vez, está a un vuelo y un ferry de distancia.

Y precisamente ahí, camuflado entre pinos centenarios, campos de cultivo y caminos de piedra que mueren en el mar, se esconde uno de esos hoteles que parecen guardar un secreto. Nos referimos a Paraíso de los Pinos. Un nombre que no defrauda, porque lo que promete, lo cumple.

El refugio secreto de la autenticidad balear

Formentera tiene algo que la diferencia del resto del archipiélago, y es que es difícil de alcanzar. Solo se llega en barco, lo que ha actuado durante décadas como un filtro natural contra la masificación. El resultado es una isla que conserva una autenticidad casi salvaje, un lugar donde el silencio todavía tiene valor y donde el ritmo de vida obedece más a las mareas que al reloj. No es casualidad que se haya convertido, con discreción, en el escondite preferido de no pocos rostros conocidos que buscan precisamente eso, pasar desapercibidos.

Arquitectura tradicional con alma contemporánea

En este escenario aparece Paraíso de los Pinos, fiel a la arquitectura tradicional balear, pero con guiños contemporáneos que actualizan el conjunto sin traicionar su esencia. Paredes encaladas, contraventanas de un azul intenso, maderas nobles y un entorno verde que se filtra por cada rincón componen la estampa. El complejo reúne veintinueve suites y seis villas, todas ellas pensadas para que la estancia se sienta como una pausa larga y merecida.

Una ubicación privilegiada para explorar la isla

La ubicación es, sin duda, uno de sus mayores activos. A quinientos metros de la playa de Migjorn, una de las más extensas y célebres de la isla, y a apenas un cuarto de hora en coche de la mítica Ses Illetes, ese tramo de arena que muchos comparan, sin exagerar demasiado, con las Maldivas. A tres kilómetros, el pueblo de Sant Francesc invita a perderse entre sus calles y, los domingos, a curiosear en el mercado de antigüedades de La Mola, una cita ineludible para quienes quieran descubrir la Formentera menos turística.

Dentro del complejo, las opciones para mantenerse activo no faltan. Una pista de tenis, una piscina al aire libre, solárium y bicicletas disponibles para recorrer la isla sobre dos ruedas, la forma más auténtica de descubrir sus rincones más fotogénicos.

Es Mal Pas: alta gastronomía con raíces locales

Pero, si hay un capítulo que merece mención aparte, es el gastronómico. El restaurante del complejo, Es Mal Pas, propone una cocina mediterránea con acentos internacionales que sorprende sin estridencias. El risotto de yuzu con frutos del mar, los fettuccine caseros con bogavante, o el agnolotti con shitake y demi glace de cordero, son solo algunas de las propuestas que firman una identidad culinaria propia, fiel al producto local, pero con una mirada abierta al exterior.

La escapada perfecta para desconectar

Formentera vuelve a estar lista para recibir a quienes buscan algo más que unas vacaciones. Una desconexión real, sin agobios ni multitudes. Y Paraíso de los Pinos se presenta, una temporada más, como esa dirección que conviene apuntar antes de que se llene la agenda del verano.

El paraíso, esta vez, está más cerca de lo que parece. ¡Formentera os espera!