Texto: Camino Ivars | Fotografía: Pepe Añón
Miguel Ángel Lamata presentaba en casa su thriller más oscuro en una premiere que reunió en la alfombra roja talento y una historia marcada por las obsesiones.
Hay noches que parecen escritas para el cine. Y, sin duda, la del pasado 16 de abril en Zaragoza fue una de ellas. Luces encendidas en el paseo de la Independencia, expectación en la puerta de los Cines Palafox y un murmullo creciente en torno a la alfombra roja que se desplegaba anunciando algo más que un estreno: el regreso del cineasta aragonés Miguel Ángel Lamata a casa con una historia que respira tensión y belleza, y que habla de amor, culpa y fantasmas del pasado.

El elenco de «La Ahorcada» posa para las cámaras en la premiere en los Cines Palafox.
La jornada arrancaba en Aragón TV, con el equipo desgranando algunas de las claves de ‘La Ahorcada’, un thriller sobrenatural rodado íntegramente en Aragón -entre Teruel y Zaragoza- que se mueve entre lo íntimo y lo inquietante. Ya por la noche, la ciudad se vestía de gala para vivir una premiere que reunió a intérpretes, productores e instituciones —con la alcaldesa Natalia Chueca entre los asistentes—, consolidando a Zaragoza como epicentro emocional del proyecto.
Junto a Amaia Salamanca y Eduardo Noriega, pasaron por la alfombra Norma Ruiz, Cosette Silguero, Anastasia Fauteck, Raúl Sanz, Veki Velilla, Carlota Callén, Julio Bohigas-Couto, Emilio Buale o María José Moreno, entre otros miembros del elenco.

Los protagonistas de «La Ahorcada» en la alfombra roja de la premiere: Norma Ruiz, Amaia Salamanca y Eduardo Noriega

Norma Ruiz, Amaia Salamanca, la alcaldesa de Zaragoza, Natalia Chueca, Eduardo Noriega y el director, Miguel Ángel Lamata


La película
En pantalla, la historia se articula a través de dos personajes que orbitan entre el amor y la destrucción. Eduardo Noriega dibuja a Fran como un hombre que se cree profundo, casi poético, pero que esconde un vacío devastador. «Es un viaje hacia dentro y hacia fuera», explica el actor, que encuentra en el personaje ecos de El ruiseñor y la rosa, de Óscar Wilde: alguien capaz de romper aquello que dice amar. Esta fue precisamente una de las inspiraciones de la guionista y autora del libro del mismo nombre, Mayte Navales, a la hora de escribir esta historia.
Amaia Salamanca encarna a Rosa Martín, una figura de múltiples capas: artista, amante y, finalmente, símbolo de una transformación marcada por la obsesión. «Tiene una sed de venganza muy potente que acaba por destruirla», apunta la actriz, que destaca también el reto físico y emocional de interpretar a una mujer que canta, toca y se descompone.


Lamata, fiel a su pulso narrativo, construye un relato donde lo sobrenatural no es un adorno, sino una extensión de los conflictos humanos.
La cinta —en salas desde el 22 de abril— deja una sensación persistente: la de que, a veces, los fantasmas más inquietantes no vienen del más allá, sino de lo que somos capaces de hacer cuando el deseo se tuerce.








