Tendencias de interiorismo en 2026, según Natalia Zubizarreta.

Cuando la casa deja de impresionar y empieza a cuidar.
Natalia Zubizarreta

En 2026, el interiorismo deja atrás la necesidad de impacto para centrarse en lo esencial: el bienestar real.

Tras años de estímulos constantes, hogares pensados para la imagen y tendencias efímeras, emerge una nueva forma de habitar más consciente, serena y honesta.

Para la interiorista Natalia Zubizarreta, este cambio no es una moda, sino la consolidación de una mirada más profunda sobre cómo queremos vivir nuestros espacios. Las casas se convierten en refugios emocionales, los materiales recuperan su verdad y el verdadero lujo pasa a ser el tiempo y el sentido. Hablamos con ella sobre cómo será —y cómo se sentirá— el interiorismo en 2026.

Hablas de 2026 como el año del bienestar real en el interiorismo. ¿Qué ha cambiado definitivamente en la forma en que entendemos nuestros hogares?

Ha cambiado la forma en la que priorizamos. Durante mucho tiempo, el hogar se pensó desde una lógica muy externa: cómo se ve, qué transmite, cómo se muestra. En 2026, esa mirada se invierte. La casa deja de ser un objeto de representación para convertirse en un espacio de cuidado real.

Empezamos a preguntarnos cómo nos afecta emocionalmente un lugar, si nos calma, si nos acompaña en distintos momentos vitales. El bienestar ya no es un concepto estético, sino una experiencia cotidiana que atraviesa la distribución, la luz, los materiales y el ritmo del espacio.

¿Crees que venimos de una saturación de interiores pensados solo para impactar visualmente y no tanto para vivirse?

Sí, claramente. Venimos de una etapa marcada por la imagen rápida, por interiores diseñados casi para ser consumidos visualmente. Espacios muy rotundos, muy definidos, pero que en muchos casos resultaban poco habitables a largo plazo. Esa saturación ha generado una necesidad casi física de bajar el volumen, de volver a espacios más silenciosos visualmente, donde no todo compita por atención. El cansancio estético ha sido el detonante de una forma más consciente de proyectar.

Dices que las casas dejan de ser un escaparate para convertirse en refugios conscientes. ¿Cómo se traduce esto en un proyecto de interiorismo real?

Se traduce en proyectos más pausados, donde cada decisión está pensada desde el uso y no solo desde la imagen final. Un refugio consciente es una casa que no exige, que no impone, que acompaña. Esto implica trabajar mucho la escala, la luz natural, los recorridos y la relación entre espacios. También supone renunciar a soluciones demasiado efectistas para apostar por elecciones más duraderas, más coherentes con la forma de vivir de quien va a habitar la vivienda.

¿Qué errores son los más habituales cuando se busca seguir tendencias sin pensar en el bienestar diario?

Uno de los errores más frecuentes es diseñar desde la tendencia sin contextualizarla. Aplicar colores, materiales o soluciones muy marcadas sin tener en cuenta el uso real, la luz del espacio o el mantenimiento. Otro error es pensar el proyecto como algo cerrado, cuando una casa debería poder evolucionar. Las tendencias son efímeras; el bienestar diario necesita flexibilidad, equilibrio y una base que no canse con el tiempo.

En 2026 desaparecen los espacios rígidos y excesivamente definidos. ¿Cómo se diseña una vivienda pensada más por sensaciones que por funciones?

Diseñar desde las sensaciones implica pensar menos en etiquetas y más en experiencias. No se trata de eliminar funciones, sino de permitir que los espacios sean más permeables. Un mismo lugar puede ser zona de trabajo, de lectura o de descanso según el momento del día. Esto se consigue con una buena lectura del espacio, con transiciones suaves, materiales continuos y una distribución que favorezca el movimiento natural y no la compartimentación excesiva.

Los espacios híbridos para vivir, trabajar y descansar son cada vez más comunes. ¿Cómo se consigue equilibrio y coherencia en este tipo de interiores?

El equilibrio está en la integración, no en la superposición. Los espacios híbridos funcionan cuando el trabajo no invade emocionalmente el resto de la casa. Para ello es fundamental cuidar los límites visuales, el mobiliario y el almacenaje. Poder “cerrar” el trabajo al final del día, aunque sea de forma simbólica, es clave para el bienestar. La coherencia viene de mantener un mismo lenguaje en toda la vivienda, evitando rupturas innecesarias.

Los espacios de trabajo se están humanizando. ¿Qué elementos consideras esenciales hoy para crear entornos laborales saludables?

Más allá de la ergonomía, que es básica, creo que los espacios de trabajo necesitan humanidad. Luz natural, materiales cálidos, colores que no generen fatiga y una escala adecuada. También es importante que el espacio permita cierta personalización, porque trabajar en un entorno impersonal acaba pasando factura. Un entorno laboral saludable es aquel que entiende que productividad y bienestar no son conceptos opuestos.

¿Crees que la frontera entre el hogar y la oficina va a seguir difuminándose en los próximos años?

Sí, pero de una forma más consciente. Creo que ya hemos aprendido que no todo vale. La casa puede acoger el trabajo, pero no convertirse en una oficina permanente. El interiorismo tiene un papel clave en crear límites suaves: espacios que permitan concentrarse, pero que también faciliten desconectar. La frontera se difumina, pero no desaparece; se transforma.

En cuanto a materiales, hablas de materiales honestos y atemporales. ¿Por qué crees que ahora conectan tanto con las personas?

Porque aportan verdad y estabilidad en un contexto muy cambiante. Los materiales honestos no pretenden ser otra cosa, envejecen bien y generan una relación más emocional con el espacio. Frente a lo artificial o excesivamente tratado, lo natural conecta con una necesidad muy profunda de calma y autenticidad. Son materiales que no cansan, que acompañan y que permiten que la casa tenga recorrido en el tiempo.

Afirmas que el verdadero lujo en 2026 es diseñar espacios con sentido y recorrido en el tiempo. ¿Cómo se consigue una casa que envejezca bien?

Una buena base es la clave para que una casa envejezca bien. Distribuciones coherentes, materiales nobles, colores equilibrados y decisiones pensadas a largo plazo. Una casa que envejece bien no depende de una tendencia concreta, sino de su capacidad de adaptarse a los cambios vitales. El lujo está en no tener que rehacer constantemente, en sentir que el espacio sigue funcionando con el paso de los años.

¿Qué consejo darías a quien quiere una vivienda con personalidad propia sin caer en modas pasajeras?

El consejo que le daría a esa persona es que mire menos hacia fuera y más hacia dentro. La personalidad no se construye acumulando referencias, sino tomando decisiones coherentes con la forma de vivir de cada uno. Las tendencias pueden inspirar, pero nunca deberían ser el punto de partida. Una casa con personalidad es aquella que se reconoce como propia desde el primer día y sigue siéndolo con el tiempo.

Después de más de 20 años de trayectoria, ¿qué es lo que más valoras hoy a la hora de afrontar un nuevo proyecto?

Valoro mucho la escucha y el proceso. Entender de verdad a quien va a habitar el espacio y trabajar con tiempos más pausados. Hoy me interesa más construir proyectos honestos, bien pensados y alineados con la vida real de las personas, que crear espacios espectaculares pero vacíos de contenido.

Si tuvieras que resumir el interiorismo de 2026 en una sola idea o concepto, ¿cuál sería?

Cuidar. Cuidar el espacio y a quienes lo habitan. En 2026, el interiorismo deja de ser un ejercicio de impacto para convertirse en una práctica consciente, donde cada decisión tiene que ver con el bienestar real y con el tiempo. Diseñar desde el cuidado implica bajar el ritmo, escuchar más y proyectar con menos ruido visual y más intención.

Significa elegir materiales que envejezcan bien, distribuciones que acompañen los cambios vitales y ambientes que no exijan, sino que sostengan. Casas pensadas para durar, para adaptarse y para vivirse sin prisa. Quizá ahí esté hoy el verdadero lujo: en crear hogares que no buscan impresionar, sino cuidar a largo plazo.