Uzbekistán. Entre sedas y cúpulas.

TEXTO Y FOTOS: FÉLIX LORENZO

Hasta el siglo XV, Samarcanda, Bujará y Jiva alzaban su voz entre los desiertos como ciudades resplandecientes en el corazón de la Ruta de la Seda donde las caravanas cruzaban cargando sedas, especias y promesas entre los confines de China y Europa.

Hoy, las cúpulas turquesas que aún se alzan sobre estas ciudades son testigos silenciosos de un glorioso tiempo pasado.

Uzbekistán tiene cuatro destinos principales: de este a oeste, Tashkent, Samarcanda, Bukhara y Khiva. Cada centro urbano contribuye a contar la historia de 5.000 años de antigüedad, desde las antiguas dinastías politeístas hasta el surgimiento del islam o los conquistadores orientales como Gengis Kan, pasando por las influencias rusas más modernas y, en última instancia, soviéticas.

En las conocidas como “las tres “M” (mezquitas, madrasas y mausoleos) podemos contemplar los lugares donde rezaron, estudiaron y descansaron los gobernantes más poderosos de la región.

TASHKENT. LA CAPITAL DEL PAÍS.

La capital del país, conserva de su época soviética una excelente red de metro, que actualmente se ha convertido en una atracción turística por derecho propio, con algunas de sus estaciones diseñadas temáticamente, como Kosmonavtlar, dedicada a la exploración espacial. Podemos encontrar estaciones, que se asemejan a palacios o catedrales con acabados en mármol, granito y alabastro.

Otro símbolo de aquella época es el Hotel Uzbekistán, el mejor monumento brutalista de la ciudad, construido en 1974 el cual en un principio se proyectó como un edificio más modesto y de menor altura, pero dado que en aquel momento la capital estaba adquiriendo cada vez más importancia como ciudad y servía de escaparate de la Unión Soviética, él mismo se vió ampliado hasta llegar a tener el aspecto que luce en la actualidad, convirtiéndolo en uno de los proyectos de construcción más importantes de la época y todo un símbolo de Tashkent.

Algunos lo comparan con la imagen de un libro abierto.

Para hacernos una idea de cómo era Tashkent en el pasado, basta con visitar el complejo Hazrati Imam, un conjunto de mezquitas, mausoleos y madrasas en el corazón de la ciudad antigua donde se exhibe uno de los Coranes más antiguos del mundo, que se cree que data de mediados del siglo VII.

Partiendo desde aquí lo más recomendable es perderse por las sinuosas callejuelas de su casco antiguo las cuales nos conducen hasta el bullicioso Bazar Chorsu, un lugar ideal comprar algunos de los deliciosos productos de Uzbekistán, como pasas, albaricoques, almendras y nueces, así como sus famosos panes crujientes con dibujos horneados en hornos tandoor.

Los bazares de Uzbekistán están considerados como uno de los puestos comerciales más antiguos del mundo.

SAMARCANDA. (LA FORTALEZA DE PIEDRA O CIUDAD DE LA ROCA)

Es el símbolo del portento por excelencia de Asia Central.

Alejandro Magno dijo de Samarcanda: «Todo lo que había oído sobre Samarcanda es verdad, excepto que es más hermosa de lo que había imaginado»

A diferencia de otras ciudades uzbekas las zonas de interés de Samarcanda se encuentran repartidas por toda la ciudad. Algunas de ellas se encuentran relativamente céntricas, como la Plaza del Registán o el Mausoleo Gur Emir. Otras zonas como el complejo Shak-i-Zhinda, se encuentran más alejadas.

La Plaza del Registán es la atracción principal, resulta imponente y es imposible no recordar alguna historia vinculada a los cuentos de las Mil y una Noches al contemplarla. Hay un bullicio constante de gente tanto turistas como locales que no desaprovechan la menor ocasión para tomarse una foto ante semejante belleza. El gran espacio frontal, un conjunto de impresionantes minaretes que se elevan hacia el cielo, cúpulas revestidas de cerámica azul celeste y entradas talladas de forma exquisita hasta el último azulejo de colores con todo lujo de detalles, hace pensar que probablemente se trataba de un bazar para comerciantes.

Al caer la noche un juego orquestado de luces de colores convierte la experiencia en un momento mágico que sin duda formará parte del recuerdo del viaje.

En la actualidad, todavía se conservan tres asombrosas madrasas, que ahora se mantienen como atracciones turísticas ya que durante la invasión de las tropas de Genghis Khan se destruyeron la mayor parte de las mismas. Destaca la madrasa Ulugh Beg, que fuera un prestigioso centro de estudios astronómicos en el mundo islámico y conserva una sala donde se pueden encontrar representaciones de las constelaciones y los zodíacos.

BUKHARA. LA CIUDAD SANTA

Si Bukhara tiene una cara de presentación, esa es sin duda la que encontraremos en el complejo Poi Kalon. Esta plaza es, lo más parecido al Registán de Samarcanda.

Se trata de una ciudad histórica encantadora, fundada hace dos milenios y medio y considerada en su momento uno de los centros de civilización del mundo.

Es el hogar de innumerables mezquitas, madrasas y otras maravillas arquitectónicas que reflejan sus variadas influencias, desde los samánidas y los musulmanes hasta los persas y los arios. Su importancia arqueológica la ha convertido en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y su ubicación en la Ruta de la Seda ha convertido a Bukhara en un importante centro de comercio, arte y cultura. Ha sido mencionada en la literatura por personajes como Rumi, que la llamó «una mina de conocimiento», y Fitzroy Maclean, que afirmó que su arquitectura podría rivalizar con la del Renacimiento italiano.

Los visitantes de esta «ciudad-museo» se sumergen en una experiencia histórica totalmente inmersiva y se deleitan con sus antiguas maravillas, incluido el Minarete Kalyan un gigantesco alminar de 48 metros de altura que es todo un referente en la Ruta de la Seda.

Su delicadeza, su geometría, su planta circular y su belleza han hecho que sea respetado a lo largo de los siglos, incluso por Gengis Kan, que quedó asombrado por su hermosura, así como con la Mezquita Kalan, la imponente Fortaleza Ark y los hermosos bazares y mercados cubiertos de la ciudad. Sin duda este es el lugar para comprar textiles suzani bordados, telas ikat y hermosas cerámicas adornadas con esmaltes de colores inusuales.

KHIVA. UN ANTIGUO OASIS DE LA RUTA DE LA SEDA EN EL DESIERTO DE KYZYLKUM.

Se trata de una «ciudad-museo» considerada la perla de Uzbekistan, por ello todo su casco antiguo en el interior de las murallas está considerado Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Itchan-Kala es el lugar de mayor interés en Khiva, una antigua fortaleza rodeada por una gran muralla, sus muros protectores son en sí mismo una atracción, con un grosor de unos 6 metros, una altura de 10 metros fabricados mediante la milenaria técnica del adobe, son transitables y es posible acceder desde el lado situado en la puerta norte y observar la villa de Itchan-Kala a través de las almenas.

El minarete Kalta Minor es quizás el monumento más emblemático de la ciudad. Traducido del uzbeko, «kalta minor» significa «minarete corto». Según el plan inicial de la construcción la altura del minarete debía alcanzar los 70-80 metros, lo que lo convertiría en el más alto del mundo musulmán. Pero en 1855, cuando la altura del minarete era de alrededor de 29 metros, la construcción se detuvo. Su decoración a base de azulejos, mayólica azul, verde y blanca hacen que sea uno de los minaretes más hermosos de Asia Central.

Es también el preferido por los visitantes para tomarse fotos ante el mismo ya que ofrece una estampa inigualable de todo Uzbekistan.

Todas las expectativas que traía a mi viaje por Uzbekistán (donde hasta el nombre suena exótico) han sido superadas tanto por su única y maravillosa arquitectura, como por su historia ligada a la siempre evocadora “Ruta de la Seda” y sobre todo por sus gentes, hospitalarias y con ganas de compartir una charla con quien quiere dedicarle parte de su tiempo tomando una taza de té en cualquier terraza o haciendo cola en la fila del pan de cualquier callejuela apartada del bullicio de las zonas más concurridas.

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