Lavar menos, tomar vitaminas, cambiar de champú… Cuando empezamos a notar más pelo en el cepillo, solemos buscar respuestas rápidas. Pero la caída capilar tiene sus propios tiempos y, a veces, la explicación empezó mucho antes de que nosotros nos diéramos cuenta.
Confieso que hay un momento en el que todas hacemos lo mismo: miramos el cepillo.
Después, la ducha. El desagüe. La almohada. Y empezamos a hacer cuentas mentales. ¿Se me está cayendo más? ¿Será el estrés? ¿Será el champú? ¿Debería lavármelo menos? ¿Necesito tomar algún suplemento?
Yo también he caído alguna vez en esa pequeña obsesión de observar cada cabello que se queda entre los dedos.
Y quizá el primer error esté precisamente ahí: en pensar que lo que estamos viendo hoy empezó hoy.
“El cabello puede tardar alrededor de tres meses en desprenderse después de entrar en la fase en la que deja de crecer”, explica Vladislav Tkachev, tricólogo y endocrinólogo de DSD de Luxe. Es decir, ese aumento de caída que ahora nos preocupa puede estar relacionado con algo que ocurrió bastante antes: estrés, cambios hormonales, una carencia nutricional o incluso un proceso inflamatorio.
Y entonces empiezan a caer algunos de los mitos que llevamos años escuchando.
1. “Si se me cae ahora, la causa está en lo que me ha pasado estas últimas semanas”
No necesariamente.
Este es, probablemente, uno de los errores más habituales. Buscamos una causa inmediata para un fenómeno que puede llevar meses gestándose.
El cabello tiene su propio ciclo y cuando un folículo entra en fase telógena, el cabello no tiene por qué desprenderse inmediatamente. De hecho, según Tkachev, pueden pasar unos tres meses hasta que finalmente lo veamos caer.
Así que ese episodio de estrés de hace unas semanas, aquella dieta que empezamos hace meses o un cambio hormonal pueden tener mucho más que ver de lo que imaginamos.
Traducción beauty: antes de culpar al último champú que hemos comprado, quizá haya que mirar un poco más atrás.
2. “Cuantos más pelos veo en la ducha, peor estoy”
Aquí también nos puede traicionar la percepción.
Perder cabello forma parte de su ciclo natural y, según el especialista, aproximadamente un 14 % del cabello se encuentra en fase telógena, destinado a caer. Más que contar obsesivamente cuántos cabellos aparecen en la ducha, lo interesante es observar si existe un cambio respecto a nuestro patrón habitual.
Lo que sí debería hacernos prestar atención es que la caída se prolongue durante más de tres meses, que percibamos menos densidad o volumen, que el cabello se afine progresivamente o que aparezcan zonas concretas con menor cantidad de pelo.
Y también hay señales en el cuero cabelludo que no conviene ignorar: picor intenso, descamación, pústulas o cabellos que se rompen desde la raíz.
3. “Me tomo unas vitaminas y solucionado”
Ojalá fuera tan sencillo.
Las vitaminas, minerales y aminoácidos tienen un papel importante en la salud capilar, pero un suplemento no sirve automáticamente para cualquier tipo de caída.
La suplementación puede ser especialmente útil cuando existe una carencia nutricional, pero su eficacia dependerá del perfil de cada persona y de la causa concreta del problema. Y hay algo que me parece especialmente importante recordar: no es una solución inmediata.
Según Tkachev, los primeros resultados de una suplementación pueden comenzar a apreciarse habitualmente después de dos o tres meses, dependiendo del tipo de caída y de cada persona.
Así que quizá ha llegado el momento de dejar de comprar suplementos capilares como quien compra una crema nueva y empezar a preguntarnos por qué se nos está cayendo el pelo.
4. “Si se me cae el pelo, tengo que lavarlo menos”
Este mito tiene una explicación muy sencilla: vemos caer más cabello cuando nos lavamos y nuestro cerebro establece una relación causa-efecto.
Pero que encontremos pelos en las manos durante el lavado no significa que el champú los haya provocado.
De hecho, espaciar demasiado los lavados puede favorecer la acumulación y oxidación del sebo, alterar la microflora del cuero cabelludo y aumentar la inflamación. En el extremo contrario, lavar constantemente con productos demasiado agresivos también puede alterar la barrera natural e irritar.
La clave, por tanto, no parece estar en lavar más o menos, sino en algo bastante más sensato: lavar según las necesidades reales de nuestro cuero cabelludo.
5. “Un champú anticaída puede solucionarlo todo”
Aquí reconozco que nos encanta la idea de encontrar ese producto.
El champú perfecto. La ampolla definitiva. El tratamiento que hará que volvamos a tener el cabello de antes.
Pero la caída puede responder a causas muy diferentes: hormonales, genéticas, inflamatorias o ambientales. Por eso, elegir un producto únicamente porque lleva la palabra “anticaída” en el envase no necesariamente responde al problema real.
El diagnóstico adquiere aquí un papel fundamental. La tricoscopia, por ejemplo, permite observar el cuero cabelludo, los folículos y el cabello con un nivel de detalle que no podemos obtener simplemente mirándonos frente al espejo.
Y esto cambia bastante la conversación: antes de decidir qué producto necesitamos, quizá deberíamos saber qué necesita realmente nuestro cabello.
6. “Mientras no tenga una calva, no tengo de qué preocuparme”
Este es otro de esos pensamientos que pueden hacernos llegar tarde.
Porque una pérdida visible de cabello no aparece necesariamente de un día para otro. Antes pueden existir señales mucho más discretas: menos densidad, menor volumen, un cabello progresivamente más fino o una caída que empieza a prolongarse más de lo habitual.
Por eso hay una observación mucho más útil que contar pelos: compararnos con nosotras mismas.
¿Cómo estaba mi raya hace un año? ¿Tengo el mismo volumen? ¿Mi coleta tiene el mismo grosor? ¿Noto zonas que antes no veía?
A veces el espejo nos cuenta la historia antes de que nosotros queramos escucharla.
7. “La caída del cabello solo se trata desde fuera”
Y quizá este sea el mito que más deberíamos desmontar.
Porque el cabello no vive aislado del resto de nuestro cuerpo.
Detrás de una caída pueden existir cambios hormonales, estrés, carencias nutricionales o procesos inflamatorios. Cuidar el cuero cabelludo y utilizar una buena cosmética capilar puede formar parte de la rutina, pero cuando existe una alteración persistente, la cosmética no sustituye al diagnóstico.
También hay una parte mucho menos glamourosa —pero probablemente más importante— de nuestro ritual capilar: dormir bien, gestionar el estrés, llevar una alimentación equilibrada y mantenernos activos.
El pelo, al final, también habla de cómo estamos.
Entonces, ¿qué hago si noto más caída?
Después de leer todo esto, mi conclusión sería bastante sencilla: dejar de entrar en pánico delante del desagüe de la ducha y empezar a observar.
No contar cada cabello. No cambiar de champú cada dos semanas. No empezar a tomar suplementos sin saber si los necesitamos.
Primero, observar cuánto tiempo lleva ocurriendo, si ha cambiado la densidad o el grosor y cómo está el cuero cabelludo. Y si la caída persiste o aparecen signos como picor intenso, descamación, pústulas, zonas con menor densidad o cabellos que se rompen desde la raíz, buscar una valoración profesional.
Después, y solo después, tiene sentido diseñar una rutina.
La rutina capilar: cuando ya sabemos qué necesita nuestro cabello
DSD de Luxe plantea precisamente ese enfoque: no confiar toda la estrategia a un único producto, sino combinar limpieza, preparación del cuero cabelludo y fórmulas específicas una vez identificado el origen del problema.
Entre sus propuestas están Dixidox de Luxe Peeling 1.3, para ayudar a retirar células muertas, exceso de sebo y residuos; Dixidox de Luxe Intense Shampoo 3.1, formulado para cabellos con tendencia a la caída; y Dixidox de Luxe Intense Lotion 3.4, de aplicación directa sobre el cuero cabelludo. La firma cuenta además con DSD de Luxe Complete, un complemento alimenticio con vitaminas, minerales, aminoácidos, antioxidantes y extractos vegetales.
Pero me quedo con una idea bastante más interesante que la de llenar el cuarto de baño de productos:
el cabello no siempre necesita que hagamos más. A veces necesita que entendamos mejor qué está pasando.
Y quizá ese sea el verdadero cambio de paradigma en el cuidado capilar.








